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Los retos del Ministerio Público


Es encomiable el entusiasmo con que el Ministerio Público está desempeñando su labor de investigación en el reciente caso de soborno en el Legislativo. Sin embargo, la espectacularidad de los interrogatorios y careos, no es suficiente para ocultar sus muchas carencias y limitaciones. Para empezar, la designación de una comisión investigadora a cargo de varios fiscales y un numeroso grupo de asistentes, provocará la parálisis de los demás negocios en trámite. La posibilidad de delegación de funciones en personal capacitado y suficiente, es muy restringida. La falta de recursos es evidente.
Los careos y los interrogatorios son un instrumento pobre y obsoleto, aunque necesario. Nuestro proceso sigue descansando en la peor y menos confiable de las pruebas: en la versión hablada de quien recuerda y olvida algo. Demasiado se ha escrito sobre las enormes limitaciones de la memoria humana, sus lagunas y distorsiones voluntarias e involuntarias, y del implacable efecto de la acción del tiempo e influencias de terceros.
Es necesario contar con alta tecnología de investigación, incorporar métodos modernos de dactiloscopia, estudios de ADN, microscopía de alta resolución, detectores de mentira, medios modernos de auditoría computarizada, técnica de cruce de información con otras entidades, medios de escucha y grabación autorizada, instrumentos de análisis económico y financiero, etc.
Se le debe proveer de personal igualmente capacitado, capaz de husmear a los delincuentes en todo su universo, en sus libros, organización y finanzas, en ágil cooperación con la Policía Nacional, la PTJ (con la que tiene un inexplicable distanciamiento), con el Consejo de Seguridad Nacional y la Superintendencia de Bancos. Es imposible trabajar con las uñas y en una isla. La delincuencia florece y se perfecciona, globalizándose e incorporando técnicas y estrategias modernas en su accionar, empleando ejército de contadores, abogados y colaboradores de todo tipo.
Es menester así mismo darle respaldo e independencia de modo que esté, en lo posible, ausente de intromisiones indeseables de otros poderes, aunque siempre bajo la supervisión atenta de la Corte Suprema de Justicia, de la que debe ser estrecha colaboradora, porque es de su esencia auxiliar a la administración de justicia investigando los delitos que el Organo Judicial deberá luego decidir.
Debe terminarse lo más pronto posible con el doble y contradictorio papel que lo erige en juez y parte, al atribuirle a un mismo tiempo la función de ente investigador y acusador, siendo tareas contradictorias, dado que la primera debe ser imparcial y la segunda no.
Por último, a la manera de sus similares de Costa Rica y otras naciones, debe continuar con su tarea de informar periódicamente a la ciudadanía respecto a la labor que desarrolla, a través de los medios de comunicación social, pues a ella se debe y a ella le sirve.






101 años de Panamá América

 
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