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Los sueños de Cleopatra


Casi no hay día sin que amanezcamos con la fuerte convicción de que somos protagonistas, muy a nuestro pesar, de la obra de ficción en que se ha convertido el quehacer cotidiano del gobierno panameño. Y esto es válido para los tres estamentos del Estado: el Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Los tres de una manera permanente y consistente han defraudado no sólo la confianza, sino las expectativas adjudicadas por los y las panameñas cuando los elegimos para administrar la cosa pública.
La falta de credibilidad es uno de los factores que más ha lesionado la seguridad de los y las ciudadanas. El país se hunde en los escándalos y en la paralización económica y las (os) que administran parecen no darse por enteradas (as) o como diría Maribel Cuervo de Paredes, con "esa indiferencia notable de la primera mujer mandataria de nuestro país,..." (El Panamá América, 18 de junio 2002) . Los niños se mueren de hambre y todavía pensamos que la fórmula para mejorar la economía es exonerar a Panamá Ports; la realización de un concurso mundial de belleza, cuyo costo de 3,000,000 millones de dólares, sólo servirá para que las mujeres representantes de sus países entren en la fetichización del cuerpo como mercancía, una de las formas más denigrante de rebajarnos como género.
A propósito del género, la primera mandataria tuvo una oportunidad de oro para realizar una tarea de primera calidad en función de su condición femenina y demostrar con gran categoría que las mujeres, al igual que los hombres, podemos desempeñarnos políticamente con extraordinaria idoneidad. Lamento decir que no ha sido así. Todo lo contrario, pienso que se han repetido y muchas veces duplicado los casos de felonía y corrupción previamente criticados, sobre los cuales ha habido justificaciones, justificaciones y justificaciones. Eso en el sentido de la representación genérica, nos hace un flaco favor, aunque no por eso pienso que el pueblo no esté en la capacidad de distinguir entre las mujeres que realmente tienen incorporados principios, valores y prácticas democráticas de vida en una próxima elección política.
Pero volviendo a lo nuestro, la economía lejos de resarcirse se contrae cada día más; cierran empresas con la consiguiente salida de trabajadores; más necesidades insatisfechas, incluida el hambre; pero se monta un paro médico, entre otras cosas, por un pago de horas extraordinarias, que el Ejecutivo dice no tener dinero para pagar en la proporción requerida por los galenos.
En mi humilde entender, que me disculpen los discípulos de Hipócrates, no es el momento para requerir el pago de mayores emolumentos. Sino pregunten a los otros trabajadores de la salud, que al igual que vosotros sufren las mismas trasnochadas, tensiones etc., y no lo hacen pendientes de llamadas en casa. ¿Tendrán ellos derecho a una mayor remuneración y a una mejor calidad de vida?
Ahora bien, si la situación económica del país es crítica, se preguntarán los médicos (as) por qué se persiste en los viajes faraónicos al viejo y nuevo continente. ¿Por qué se malgastan los fondos del erario público de manera tan inconsecuente y displicente?
Si el modelo que baja desde el ápice de la pirámide no invita a la restricción del gasto, ¿qué podemos esperar de quienes no se sienten en absoluto responsables de la pobreza o miseria en que vive este pueblo?

101 años de Panamá América

 
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