Los talibán en Guararé
El terrorismo islámico fue el tema de discusiones el año pasado, a lo largo y ancho del Festival Nacional de La Mejorana, en Guararé, entre los días 21 y 26 de septiembre. Este año, el regio festival folclórico comenzará hoy y concluirá el domingo 29. El pasado año, en hogares, plazas, calles, cantinas y centros de diversión, el asunto del terrorismo fue inevitable. En la plaza de toros se construyeron dos altillos de madera, para apreciar en todo su esplendor las populares corridas taurinas. Uno llevaba el flamante nombre de: "El Pentágono". Pero hubo un jocoso que le puso una nota de humor al asunto al decir que secuestraría una carreta con todo y bueyes para estrellarla contra aquella edificación.
Para nosotros, sólo una tertulia mañanera en una fonda resultó toda una escuela con relación a la vida en Afganistán, los talibán, Bin Laden y el fundamentalismo islámico. Mientras unos desayunaban y otros le daban un corte a la resaca, se fue desarrollando una interesantísima discusión en torno a los atentados terroristas del 11 de septiembre. Allí aprendimos en cuestión de minutos que Afganistán, el país donde supuestamente se refugiaba el sospechoso Osama bin Laden, era el único país del mundo que no estaba inscrito en la FIFA (Federación Mundial de Fútbol), que es la institución que más representantes tiene en el planeta. Afganistán tampoco pertenecía a la ONU, y sólo había sido reconocido por tres o cuatro países árabes.
Nosotros no atinábamos a ubicar a Kabul en el mapa. Su nombre sólo nos resonaba de la guerra que mantuvo Afganistán con Rusia, donde los rusos, apoyados por las milicias comunistas, lucharon contra el ejército pro-musulmán, respaldado por algunos países occidentales.
Y no era que a Occidente le preocupara en lo más mínimo la victoria de los musulmanes dirigidos por fanáticos intérpretes del Corán, sino que lo que les interesaba era, sobre todo, convertir a Afganistán en un Vietnam para la Unión Soviética, y lo consiguieron. Tampoco a la URSS le interesaba librar una cruzada contra el fanatismo islámico y la opresión musulmana. Lo que deseaba era extender el socialismo y acrecentar su poderío en el Oriente Medio.
Entre otros, el profesor "Quime" Smith, en aquella acalorada discusión, recordó que las tropas soviéticas abandonaron a su suerte a los afganos. Sin el apoyo ruso, las milicias musulmanas tomaron la capital e implantaron un régimen de cerrado fanatismo y de control de la vida de los ciudadanos, convertidos en esclavos ideológicos. Agregó Smith, para ilustración de todos: "¡Ese es el régimen de los talibán!"
Samet Abdul Pérez (nombre con sabor árabe), connotado deportista de Guararé, que tampoco ocultaba su rechazo a los fundamentalistas islámicos, le recordó a los presentes que en cierta ocasión la policía de los talibán había entrado a un campo de fútbol de Kabul y había desalojado el terreno de juego e interrumpido el partido, porque se habían sobrepasado en diez minutos la hora tope permitida para jugar al fútbol. Y otro parroquiano que no ocultaba sus sentimientos antinorteamericanos, dijo -empleando una palabra del castellano viejo- que si bien él no estaba de acuerdo con los actos terroristas, lo sucedido el 11 de septiembre había sido un "tojnicón" (bofetada) propinado a los gringos, "acostumbrados a pegarles a los más chiquitos".
El médico veterinario y tamborero, Dr. Carlos "Caíto" Falcón, le explicó a la concurrencia que los guarareños la pasaríamos muy mal en el Afganistán de los talibán, pues allá éstos tenían prohibida la música, el cine y la televisión.
Tampoco se permitía aplaudir ni celebrar fiestas occidentales, como el Año Nuevo, ni podríamos estar celebrando el Festival de La Mejorana, pues estaba prohibida cualquier fiesta en que se juntaran hombres y mujeres. La discusión concluyó con estrepitosas carcajadas cuando "Dionín" Vergara la interrumpió al gritar: "¡Hagan lo que quieran...!" (todos esperábamos una tajante sentencia respecto al tema, pero su conclusión fue una frase muy chistosa que nos hizo retornar a la realidad guarareña): "¡Estamos engoma"os!"
Para nosotros, sólo una tertulia mañanera en una fonda resultó toda una escuela con relación a la vida en Afganistán, los talibán, Bin Laden y el fundamentalismo islámico. Mientras unos desayunaban y otros le daban un corte a la resaca, se fue desarrollando una interesantísima discusión en torno a los atentados terroristas del 11 de septiembre. Allí aprendimos en cuestión de minutos que Afganistán, el país donde supuestamente se refugiaba el sospechoso Osama bin Laden, era el único país del mundo que no estaba inscrito en la FIFA (Federación Mundial de Fútbol), que es la institución que más representantes tiene en el planeta. Afganistán tampoco pertenecía a la ONU, y sólo había sido reconocido por tres o cuatro países árabes.
Nosotros no atinábamos a ubicar a Kabul en el mapa. Su nombre sólo nos resonaba de la guerra que mantuvo Afganistán con Rusia, donde los rusos, apoyados por las milicias comunistas, lucharon contra el ejército pro-musulmán, respaldado por algunos países occidentales.
Y no era que a Occidente le preocupara en lo más mínimo la victoria de los musulmanes dirigidos por fanáticos intérpretes del Corán, sino que lo que les interesaba era, sobre todo, convertir a Afganistán en un Vietnam para la Unión Soviética, y lo consiguieron. Tampoco a la URSS le interesaba librar una cruzada contra el fanatismo islámico y la opresión musulmana. Lo que deseaba era extender el socialismo y acrecentar su poderío en el Oriente Medio.
Entre otros, el profesor "Quime" Smith, en aquella acalorada discusión, recordó que las tropas soviéticas abandonaron a su suerte a los afganos. Sin el apoyo ruso, las milicias musulmanas tomaron la capital e implantaron un régimen de cerrado fanatismo y de control de la vida de los ciudadanos, convertidos en esclavos ideológicos. Agregó Smith, para ilustración de todos: "¡Ese es el régimen de los talibán!"
Samet Abdul Pérez (nombre con sabor árabe), connotado deportista de Guararé, que tampoco ocultaba su rechazo a los fundamentalistas islámicos, le recordó a los presentes que en cierta ocasión la policía de los talibán había entrado a un campo de fútbol de Kabul y había desalojado el terreno de juego e interrumpido el partido, porque se habían sobrepasado en diez minutos la hora tope permitida para jugar al fútbol. Y otro parroquiano que no ocultaba sus sentimientos antinorteamericanos, dijo -empleando una palabra del castellano viejo- que si bien él no estaba de acuerdo con los actos terroristas, lo sucedido el 11 de septiembre había sido un "tojnicón" (bofetada) propinado a los gringos, "acostumbrados a pegarles a los más chiquitos".
El médico veterinario y tamborero, Dr. Carlos "Caíto" Falcón, le explicó a la concurrencia que los guarareños la pasaríamos muy mal en el Afganistán de los talibán, pues allá éstos tenían prohibida la música, el cine y la televisión.
Tampoco se permitía aplaudir ni celebrar fiestas occidentales, como el Año Nuevo, ni podríamos estar celebrando el Festival de La Mejorana, pues estaba prohibida cualquier fiesta en que se juntaran hombres y mujeres. La discusión concluyó con estrepitosas carcajadas cuando "Dionín" Vergara la interrumpió al gritar: "¡Hagan lo que quieran...!" (todos esperábamos una tajante sentencia respecto al tema, pero su conclusión fue una frase muy chistosa que nos hizo retornar a la realidad guarareña): "¡Estamos engoma"os!"