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Los tóxicos y la salud humana


A mediados de septiembre de este año tres bomberos, un guardaparque y un policía se expusieron a los vapores tóxicos de una sustancia llamada Bifenilo Policlorinado (PSB), que fue liberada de unos transformadores eléctricos por personas irresponsables, las que al parecer sólo buscaban en ellos algunas piezas de valor comercial. Los pocos medios escritos y televisivos que otorgaron alguna importancia a lo sucedido, aseguraron que dichos transformadores se encontraban en un depósito de la empresa Unión Fenosa en las cercanías del Parque Natural Metropolitano.
Lo acontecido pone de manifiesto una vez más la poca importancia que la mayoría de los medios de comunicación social le conceden a los peligros y problemas derivados de tecnologías que, asociadas a nuestra noción de progreso y desarrollo industrial, pueden terminar afectando severamente ecosistemas, seres humanos y otros organismos vivos. Similar actitud se observa en empresas privadas nativas o transnacionales, que importan tecnologías contaminantes y prohibidas en otras latitudes o mantienen escasa seguridad en depósitos donde las mismas se almacenan. De igual forma, ¿por qué siempre tenemos que esperar el desastre --que esta vez afortunadamente no ocurrió-- para que las autoridades gubernamentales se preocupen por dotar de los equipos de seguridad apropiados a las agencias nacionales de prevención y protección? ¿Cuántos otros sitios de la ex- Zona del Canal o del resto del territorio nacional conservan sin las más mínimas precauciones, sustancias o residuos tóxicos que pueden desencadenar un daño ecológico irreversible? ¿Podemos estar totalmente seguros los panameños que transformadores eléctricos, grandes capacitadores, aditivos para pintura y otros materiales de uso en nuestro medio, carecen o no fueron fabricados empleando este poderoso veneno que, en contacto con los seres humanos puede producir de inmediato debilidad, dificultades para respirar, falta de apetito, rápido estado de coma o cáncer si la intoxicación llega a ser crónica? ¿Por qué no aprovechamos esta coyuntura para iniciar una campaña permanente que logre el retiro de todas las sustancias altamente tóxicas de uso en el medio agropecuario, doméstico o industrial?
Tal vez, el desastre en Bophal, India, el 3 de diciembre de 1984, donde 27 toneladas del gas tóxico metil isocianato se escaparon un día y mataron a 8,000 personas en menos de una semana, nos parezca, a la mayoría de los panameños, un evento propio de otros lares pero no de nuestra tierra. Tal vez también ignoremos, que en estudios recientes en los Estados Unidos se demostró que sólo el 1% de los 500 millones de kilogramos usados anualmente como plaguicidas terminan afectando a las plagas, el resto (99%), pasa a la contaminación de los suelos, atmósfera, aguas y productos agrícolas. Estos dos hechos debieran ser suficientes para que como sociedad brindemos nuestro respaldo a los trabajadores de las bananeras que reclaman hoy una compensación por los innegables daños que a su salud, le han causado los agrotóxicos usados durante muchos años en la producción de la fruta dorada.
Por razones técnicas se requerían determinadas especializaciones en los estudios de grabación; por ello esta pista fue realizada en la ciudad de México dirigiendo Roque Cordero la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma del hermano país.
¡Gracias maestro por unirse a las voces que continúan dando a conocer los aspectos positivos de nuestra nacionalidad!

101 años de Panamá América

 
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