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Los tres grandes retos del siglo XXI


De manera contundente y con gran acierto, Brian Unquhart, ex-subsecretario general de la O.N.U., sentenció en 1992, que la comunidad internacional tendría tres grandes retos en el siglo XXI, como lo son: disminución y desaparición de los conflictos armados en el orbe, el desarrollo económico y social y la extensión del proceso de democratización. Y es que se entiende que para conformar un mundo fundamentado en el llamado "lus Imperium", existe el deber ineludible de conseguir lograr la ausencia de guerra o al menos su control. Bien lo afirmó Joseph Nye, subsecretario de Defensa de Estados Unidos: "los conflictos internacionales regionales estarán limitados por el papel restrictivo que jugarán Estados Unidos y las grandes potencias.
Dentro de ese contexto, cobra relevancia el funcionamiento óptimo de las organizaciones como la ONU, OEA y hasta la OTAN; para que persigan la paz y prevengan conflictos internos como los acontecidos recientemente en Ruanda, Bosnia y Sudáfrica. Dichas organizaciones internacionales deberán cuidar, celosamente, los derechos humanosy la soberanía de Estados.
El segundo problema que la comunidad internacional deberá superar será el progreso económico, desde luego con especial énfasis a los países en vía de desarrollo (pesa negativamente la pobreza absoluta que afecta a dos mil millones de personas, lo que equivale un tercio de la población mundial).
Nuevamente las organizaciones de cooperativa internacional (UNICEF, la FAO y la PNUD, entre otras) tienen un papel rector para acelerar el crecimiento económico del llamado tercer mundo. Todo ello sin olvidar la promoción a la ecología para preservar los recursos naturales y generar desarrollo económico e industrial; darle aliento a las inversiones nacionales, porque no se puede obviar que la inversión en el mundo en desarrollo es una inversión para la paz; y porque no consideran oportuno que los vastos recursos destinados a la carrera armamentista del pasado próximo se involucre en esta constructiva y difícil jornada.
El tercer desafío que el mundo debe encarar, como mencionamos al principio, es la extensión del proceso de democratización, en esa dirección en atinente repetir lo que estudiosos como Joseph Schumpeter describieron: "la característica de un gobierno democrático no es la ausencia de élites, sino la presencia de muchas élites que compitan entre ellas por la conquista del voto popular". Otro pensador como Asor Rosa sotuvo que: "la democracia, precisamente, en cuanto a sistema de las mediaciones, que no se absolutiza ni se erige en fin, es aquel juego que acepta someter a discusión las propias reglas. Si no lo hace es otra cosa".
Curioso resulta que las guerras actuales tienen motivos étnicos, igual impresión presenta la llamada globalización, cuyos resultados se mantienen cuestionados por las grandes mayorías, y finalmente, en cuanto a la extensión de la democracia, cabe preguntar si se han generado muchas élites y si se acepta o no discutir las propias reglas de la democracia en los distintos países o si es una utopía lo afirmado por Shumpeter y Rosa.

101 años de Panamá América

 
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