Los tres votos de Martinelli
Definitivamente que esa peculiar frase de Don Francisco de Quevedo, "Poderoso Caballero, Don Dinero", ha jugado un cautivador elemento para atraer el apoyo de sectores o personas que, a mi criterio, son representativos en tres clases de votantes: los plutócratas, los arrimados y los ingenuos.
Por ejemplo, los plutócratas son los legítimos adeptos del abanderado, ya que de lograr su objetivo, regresarían a obtener el dominio absoluto del poder político, que le devolverá y permitirá acceder sin obstáculos, los beneficios y privilegios perdidos o limitados; y, por otro lado, el que nunca han carecido o de la inimaginable idea, renunciar al Poder Económico. Dejo claro que quedan exonerados, los industriales, empresarios y personalidades con afincadas ideas y trayectoria progresista y de equidad.
Están los arrimados que, con respeto a los lectores, son camaleones y alacranes oportunistas que han llegado a sacar provecho de dádivas y concesiones electoreras, esperando también saciar sus apetitos personales una vez en el poder. Todos, sin importar diferencias, tienen un denominador común: están privados de ideología, principios, formación política o de los fundamentales valores morales. Aquí también se suman los cleptócratas, quienes con donaciones, buscan o esperan obtener protección a sus desmanes.
Por último, están los ingenuos, aquellos que dicen que se identifican con el "cambio", pero que cuando le preguntas a qué cambio se refieren, caen en superficialidades. Sus planteamientos los ubican como neófitos y desconocedores de la génesis o situación real de los problemas, pues los mismos no solamente afectan nuestro país, sino a nuestro entorno y región. También porque son parte del mismo, el convivir en un sistema capitalista salvaje y corrupto, y de una sociedad en decadencia con la negativa conducta del juega vivo, pensando solamente en acumular dinero o riqueza, sin importar cómo.
Por último, no puedo soslayar referirme al llamado de los grupos anarquistas, virtualmente Frenadesso y Suntraccs, quienes llaman a votar en blanco. En todo caso un abstencionismo suena más lógico, pero el deber ciudadano de elegir y ser elegido debe ser una actitud consecuente de los votantes para decidir la mejor o conveniente propuesta. Pienso que en la coyuntura política no debemos dejarnos arrastrar emocionalmente por estribillos o consignas, como esa de "los locos, somos más". Cualquier desatino en la conducción del Estado por acciones autocráticas o imponentes, que puede ser aprovechado para convulsionar y revolucionar el país por quienes objetan el actual sistema democrático, proponiendo sustituirlo por la constituyente originaria. Confío en que la razón y no la emoción prevalecerán el 3 de mayo 2009.