Los túneles del Cerro Ancón
Hace algunas semanas un hábil periodista de la televisión (y no doy su nombre, ni le doy tampoco el mérito que se merece, porque lamentablemente se me perdió el mismo en el recuerdo ante la intensa y variada actividad que realizo y que requiere permanentemente mi atención), nos llevó en un excelente reportaje por parte de los vericuetos de los túneles que recorren las entrañas del Cerro Ancón. Inmediatamente la curiosidad colectiva comenzó a elucubrar innumerables conjeturas. Se preguntaban, ¿qué habría allí? ¿Qué usos les dieron los norteamericanos? Esos túneles, sin duda alguna, formaban parte de una estrategia militar pasada ya de moda y totalmente inoperante por los extraordinarios avances que se han dado en la tecnología de guerra.
Esos túneles deben ser restaurados como los utilizaban los norteamericanos y convertirlos, en adición a las esclusas del Canal, en una atracción más de gran valor turístico. Otros países lo han hecho con instalaciones parecidas, recaudando dinero suficiente para su mantenimiento y para algo más.
He tenido, en distintos viajes que he hecho, la oportunidad de penetrar los túneles del Peñón de Gibraltar que son visitados anualmente por miles de turistas que se recrean recorriéndolos y que en una época tuvieron gran valor militar y viendo, además, los legendarios monos que en ese sitio habitan.
En Viena, Austria, que con su belleza, superada sólo por París, no necesita de atracciones adicionales, han reconstruido los austríacos una mina subterránea de sal, la más grande del mundo, que fue convertida por los alemanes durante la pasada guerra mundial en una gran fábrica de aviones. El turista puede ver con asombro y admiración como el ingenio humano pudo convertir esta vieja mina en una eficiente y muy segura fábrica para aviones.
En Londres, cuando los terribles ataques aéreos de la aviación alemana, el gobierno inglés, con su primer ministro Winston Churchill a la cabeza, dirigía la heroica lucha inglesa desde sótanos muy incómodos e insalubres, pero muy seguros. Hoy el turista puede ver desde dónde dormía el Primer Ministro hasta los salones de reuniones del Estado Mayor inglés e inclusive, el teléfono está en el mismo sitio que utilizaba el Sr. Churchill para comunicarse con el presidente Roosevelt.
Existen también otros túneles por el mundo entero que le ofrecen al turista la oportunidad de remontarse al pasado. Las persecuciones a los cristianos las puede uno revivir con una visita a las catacumbas en Roma.
En Panamá podríamos hacer otro tanto con los túneles del Cerro Ancón, las fortalezas e instalaciones militares que los EE.UU. dejaron en la Punta de Flamenco en el área revertida del Canal. Son estas cosas que parecieran carecer de valor, pero que revisten mucho interés para los turistas, lo que hace más atractivo a un país. Nosotros, para lograr lo anterior, necesitamos tener un poco de imaginación y voluntad. Tiene la oficina de turismo en sus manos una oportunidad de ampliar los sitios de interés para los panameños y para quienes visitan nuestro país restaurando éstos, que son parte de nuestra historia.
Esos túneles deben ser restaurados como los utilizaban los norteamericanos y convertirlos, en adición a las esclusas del Canal, en una atracción más de gran valor turístico. Otros países lo han hecho con instalaciones parecidas, recaudando dinero suficiente para su mantenimiento y para algo más.
He tenido, en distintos viajes que he hecho, la oportunidad de penetrar los túneles del Peñón de Gibraltar que son visitados anualmente por miles de turistas que se recrean recorriéndolos y que en una época tuvieron gran valor militar y viendo, además, los legendarios monos que en ese sitio habitan.
En Viena, Austria, que con su belleza, superada sólo por París, no necesita de atracciones adicionales, han reconstruido los austríacos una mina subterránea de sal, la más grande del mundo, que fue convertida por los alemanes durante la pasada guerra mundial en una gran fábrica de aviones. El turista puede ver con asombro y admiración como el ingenio humano pudo convertir esta vieja mina en una eficiente y muy segura fábrica para aviones.
En Londres, cuando los terribles ataques aéreos de la aviación alemana, el gobierno inglés, con su primer ministro Winston Churchill a la cabeza, dirigía la heroica lucha inglesa desde sótanos muy incómodos e insalubres, pero muy seguros. Hoy el turista puede ver desde dónde dormía el Primer Ministro hasta los salones de reuniones del Estado Mayor inglés e inclusive, el teléfono está en el mismo sitio que utilizaba el Sr. Churchill para comunicarse con el presidente Roosevelt.
Existen también otros túneles por el mundo entero que le ofrecen al turista la oportunidad de remontarse al pasado. Las persecuciones a los cristianos las puede uno revivir con una visita a las catacumbas en Roma.
En Panamá podríamos hacer otro tanto con los túneles del Cerro Ancón, las fortalezas e instalaciones militares que los EE.UU. dejaron en la Punta de Flamenco en el área revertida del Canal. Son estas cosas que parecieran carecer de valor, pero que revisten mucho interés para los turistas, lo que hace más atractivo a un país. Nosotros, para lograr lo anterior, necesitamos tener un poco de imaginación y voluntad. Tiene la oficina de turismo en sus manos una oportunidad de ampliar los sitios de interés para los panameños y para quienes visitan nuestro país restaurando éstos, que son parte de nuestra historia.