Los usuarios y la Autoridad del Tránsito
El resultado es el desastre actual dominado por mafias que lucran del negocio en perjuicio de los usuarios y palancas que constituyen la parte más débil de la actividad; los unos, por recibir un servicio pésimo y los otros, por ser vilmente explotados, sin salario, ni seguro social ni condiciones de trabajo decoroso mínimas.
En teoría, los palancas tienen como sus voceros a los representantes de los gremios transportistas en la Autoridad, pero no así, en ningún grado, ni siquiera mínimo, los usuarios, de cuyos bolsillos se paga todo el negocio.
El servicio, incluyendo buses y taxis, entonces era malo y se ha vuelto peor. Las infracciones se multiplican hasta el punto que, un estudio de campo elaborado por este diario arrojó un promedio de diez violaciones del reglamento del tránsito por hora. Si se transformaran en multas arrojaría cerca de B/. 3,500 por diez horas de rodaje diario usual en el caso de buses.
El transporte interiorano, otrora bueno, cómodo y eficiente, también ha desmejorado, poniéndose a la par de sus colegas capitalinos. Salvo el trato normalmente amable que se dispensa a los usuarios, los buses de provincias ya llevan pasajeros de pie, en su reducido espacio; y no tienen el cuidado de suprimir peligrosas prácticas como el transportar entre los usuarios objetos contundentes y hasta letales como muebles, sobremesas de vidrio, tanques de gas, artefactos metálicos, varillas, etc., que pueden causar serias heridas en caso de accidente.
El cliente -se dice- tiene siempre la razón. Pero en Panamá, en lo que al público se refiere, los usuarios no tienen oportunidad para hacer oír su voz y razón ante la máxima autoridad que rige el servicio; y a eso hay que ponerle pronto remedio.
En teoría, los palancas tienen como sus voceros a los representantes de los gremios transportistas en la Autoridad, pero no así, en ningún grado, ni siquiera mínimo, los usuarios, de cuyos bolsillos se paga todo el negocio.
El servicio, incluyendo buses y taxis, entonces era malo y se ha vuelto peor. Las infracciones se multiplican hasta el punto que, un estudio de campo elaborado por este diario arrojó un promedio de diez violaciones del reglamento del tránsito por hora. Si se transformaran en multas arrojaría cerca de B/. 3,500 por diez horas de rodaje diario usual en el caso de buses.
El transporte interiorano, otrora bueno, cómodo y eficiente, también ha desmejorado, poniéndose a la par de sus colegas capitalinos. Salvo el trato normalmente amable que se dispensa a los usuarios, los buses de provincias ya llevan pasajeros de pie, en su reducido espacio; y no tienen el cuidado de suprimir peligrosas prácticas como el transportar entre los usuarios objetos contundentes y hasta letales como muebles, sobremesas de vidrio, tanques de gas, artefactos metálicos, varillas, etc., que pueden causar serias heridas en caso de accidente.
El cliente -se dice- tiene siempre la razón. Pero en Panamá, en lo que al público se refiere, los usuarios no tienen oportunidad para hacer oír su voz y razón ante la máxima autoridad que rige el servicio; y a eso hay que ponerle pronto remedio.