Lucha por el poder
Las próximas elecciones generales muestran un escenario de lucha por el poder a cualquier costo. La situación retrata una clara ausencia de liderazgo producto del descuido de los partidos políticos en la capacitación de nuevas figuras con mística, impulsores del trabajo colectivo, y la superación. La joven democracia se ha estancado en el bipartidismo, y ha dejado fuera una propuesta alternativa que atrape al electorado.
En esta ocasión, la cosa se pone más interesante. La candidatura de un tercer integrante en la contienda rompió el tradicional esquema con un fenómeno inusual que amenaza la alternabilidad en poder de los dos partidos tradicionales.
Martinelli es quien más tiempo tiene en los zapatos del pueblo, pero sin decirnos cómo resolverá los agobiantes problemas conocidos por todos, y que los candidatos no se cansan de usar en sus propagandas. Tampoco ha revelado su plan de gobierno, o quiénes conformarán su equipo de trabajo. Tiene un "tuti fruti" de gente que se siente rezagada y busca un espacio en el CD; pero... ¿qué proponen?
Los expertos en el tema rumoran que con tal de evitar que este nuevo paradigma político llegue al poder, los colectivos de costumbre hasta podrían unirse. No en una propuesta electoral, claro está, sino a través de apoyo económico o asesoría para que el más débil fortalezca su propuesta y aceptación en el electorado. Me explico: Algunos arnulfistas me han comentado que si la candidatura de Juan Carlos Varela no alza cabeza, los directivos replantearán su oferta electoral, pues quedarse por fuera del poder otro período consecutivo debilitará enormemente a los panameñistas.
Por otra parte, el partido oficialista no ha podido sumar a todos los copartidarios con Balbina, su candidata oficial. Las declaraciones del alcalde capitalino, quien casi asoma la victoria como candidato oficial, son una muestra de ello; no le cumplieron lo prometido y además no le brindan espacio de acción, a él y su gente, en la campaña que representa, según las cifras casi la mitad del partido.
Hay que poner cuidado al lenguaje y las acusaciones que se disparan los aspirantes a la silla presidencial. La ciudadanía está harta de insultos e imputaciones mutuas. Esta atmósfera crea que el elector ubique a los candidatos en el mismo bando sin excepción, pues parece que todos están dispuestos a hacer lo que sea para alcanzar el poder.