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Lucho Paz, un católico y amigo


Después de un par de semanas ausente de estas páginas, y de la vida de este país, me enteré lejos de la patria de que el amigo y agente de pastoral de la parroquia de Nuestra Señora Santa María la Antigua, Luis Paz Cárdenas, Lucho, había fallecido. No puedo ocultar que sentí gran pesar, ya que en estos últimos años habíamos compartido los mismos ideales cristianos y preocupaciones por las múltiples limitaciones de nuestro cristianismo católico. De hecho, yo lo conocí a otro nivel cuando en la década del 40 merodeaba por la plaza Bolívar, en el Casco Viejo de la ciudad. Lo recuerdo como el hermano menor de quien también fuera amigo de esa época y hoy difunto Carlos Paz Cárdenas, conocido como Rasputín y que prestó servicios en el fenecido DENI. Lucho me repetía, cuando nos encontrábamos, "cada vez que te veo me recuerdas mucho a mi hermano Carlos". Por muchos años se destacó como vendedor de automóviles en la empresa Toyopan y Tesa de donde terminó jubilándose después de exitosa carrera.
Con justicia podemos decir que a lo largo de nuestro caminar en la labor cotidiana de la Iglesia católica, hemos vuelto a encontrar a gente de la infancia y juventud de los años pasados que, al llegar al otoño de sus existencias, se han convertido a Dios, han tenido un encuentro verdadero con Jesucristo y se han entregado, consecuentemente con generosidad y de alma y cuerpo a las diferentes tareas de nuestra Iglesia católica local, hoy vilipendiada por otros muchos católicos
Lucho Paz fue muy apreciado por el grupo de los Talleres de Oración y Vida del Padre Larrañaga, en donde según los testimonios que he oído, avanzó mucho en ese caminar y siempre actuó como todo un caballero.
Cuando el desaparecido Ministerio de la Juventud, la Mujer y el Niño y la Familia invitó, en la administración Moscoso, a la Arquidiócesis a participar en el Departamento del Adulto Mayor, me tocó llevar esa representación y luego de ponderar el tipo de actividades que se llevaban a cabo, me enteré que Lucho y su esposa en su parroquia de Santa María la Antigua, eran los encargados del Apostolado de la Vida Ascendente, en ese momento, que venía a ser lo equivalente a lo que querían del Adulto Mayor y con la debida autorización invitamos a Lucho a que representara a la Iglesia católica en ese departamento, y tengo que confesar que lo hizo como nadie. Juntos participamos en reuniones solemnes comprobando logros y debilidades. La Iglesia le quedará eternamente agradecida por ese esfuerzo, otro granito de arena con el que cada uno tratamos de contribuir a obras que planeadas consiguen sus metas después de muchos granitos de arena. Me llegó a comentar que en las sesiones de vez en cuando lo llamaban "reverendo", pero que no era reverendo.
Gran placer me causó en la vida del Hermano Paz ver su gran vinculación con los Padres Agustinos de la parroquia de Santa María la Antigua de Villa Cáceres. En el 2000, para gran sorpresa mía, en el Año del Jubileo, nos encontramos casualmente en la Plaza de San Pedro con otros panameños católicos que participábamos en una de las Eucaristías al aire libre con otros miles de peregrinos del Año Santo, celebrada por su Santidad de feliz memoria Juan Pablo II. En la alegría del encuentro me informó que acompañaba al Padre agustino Rafael Delvalle. Por este hecho y por su cooperación sencilla y constante con los padres de esa comunidad, bromeando le preguntaba, ¿cuándo te imponen el hábito agustiniano? Quince sacerdotes celebraron sus concurridas exequias y fue declarado Hermano de la Orden con todos los privilegios. Lucho Paz, la última vez que hablamos por teléfono, al preguntarte cómo te sentías, me dijiste: "Bueno, lo que Dios quiera, me siento débil y tranquilo y hoy mandé los exámenes al médico a ver qué me dicen". Vino su estancia en el hospital y lo que menos pensábamos te fuiste para no volver. Que tus buenas obras te acompañen, Lucho, descansa en la Paz de tu nombre.

101 años de Panamá América

 
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