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Luz verde para el Plan Colombia


Frente a las conversaciones de paz que, hasta la fecha, no han arrojado resultados concretos y más bien han beneficiado ostensiblemente a la narcoguerrilla, el Gobierno de la agobiada y hermana nación sudamericana elaboró el denominado Plan Colombia. Según propias declaraciones de su mentalizador, el presidente Pastrana, la valiosa iniciativa tiene como objetivos erradicar cultivos ilegales, combatir el narcotráfico, fortalecer la democracia, el sistema judicial y las fuerzas militares, emprender programas de desarrollo en zonas marginales e impulsar el respeto por los derechos humanos.
El mandatario afirmó pública y textualmente que "esta plaga del narcotráfico quienes más la sufrimos y quienes más la queremos acabar somos los colombianos, pero necesitamos de la ayuda internacional". Es digno de relievarse la persistencia en las gestiones ante los diversos Gobiernos del planeta en busca de colaboración externa para la lucha antinarcóticos. Como referencia, bien vale anotar que, en tan sólo dos años, sus representantes fueron a Washington cuarenta y seis veces.
Se ha calculado que el Plan en mención tendrá un costo total de siete mil quinientos millones de dólares, financiados de la siguiente manera: cuatro mil millones correrá a cargo de la república colombiana, mil trescientos millones de los Estados Unidos, mil millones de la Unión Europea y Japón y, el resto, créditos de la banca multilateral.
Colombia ocupa una situación estratégica especial en Latinoamérica. Su ubicación geográfica le posibilita tener amplia incidencia en el área andina, de Centroamérica y el Caribe. Se ha convertido en el mayor centro de producción de cocaína en el mundo y uno de los más considerables de heroína, con sanguinarias mafias que tienen presencia a nivel universal.
Por cierto que los países limítrofes son los que primero sufren la arremetida de los mafiosos y que se reflejan en consecuencias de mucha peligrosidad. La solidaridad y colaboración para el Plan Colombia por parte de los Gobiernos de Venezuela, Panamá, Ecuador, Perú y Brasil, debe ser amplia e inmediata, por cuanto serán los primeros beneficiados de esta integral iniciativa que debió concebirse y aplicarse desde hace algún tiempo atrás. Lo mismo puede decirse en lo que respecta a la zona caribeña y de América Central, por obvias razones geopolíticas.
Si de lejanas latitudes como son las europeas y las asiáticas llegará efectiva colaboración, cómo no ha de presentarse la que corresponde al continente americano, particularmente de los pueblos vecinos al de Colombia cuya situación en esta delicada materia de drogas no se circunscribe a los límites nacionales sino que, por las conocidas características, va más allá de las fronteras y se proyecta directamente a dilatados espacios universales.
En la maldita cadena del narcotráfico, los cultivos ilícitos significan el principal y fundamental eslabón, ya que surten la materia prima para la elaboración de las perjudiciales substancias. Sin coca no habrá cocaína y sin amapola morfina y heroína, por lo que la erradicación de esas plantaciones se vuelve ineludible y útil. Por infinidad de razones, es nefasta la narcotización de la agricultura.
Esta erradicación se efectúa mediante herbicidas que son rociados desde el aire o por el empleo de un hongo y una especie de lepidóptero cuyo gusano prefiere hojas de coca antes que a otra clase de vegetación y que han dado excelentes resultados en el Perú. Además, los planes de desarrollo alternativo, y qué mejor cuando la erradicación es voluntaria por parte de los campesinos que, cuando proceden de esta manera, reciben estímulos, han dado igualmente magníficos frutos en territorios bolivianos.
Las labores en mención no son nada fáciles, en primer término por el ambiente agresivo y desinformador que, deliberadamente, crean los capos con objetivos fácilmente comprensibles y que llegan a determinados grupos, de por medio los sucios dineros de los malandrines o despreciables e increíbles rezagos de la Guerra Fría, para oponerse a propósitos que, sin intereses creados por el delito o la estulticia ideológica, deberían merecer completo respaldo.
Con motivo del Día Internacional contra el Abuso y Tráfico Ilícito de Drogas, Kofi Annan recordó que la solución al problema de las drogas es posible y que, por tratarse de un asunto de carácter global que entraña asombrosos costos económicos y sociales, requiere soluciones de esa misma naturaleza.
Acorde con los acertadamente expresado por el secretario general de las Naciones Unidas, es insustituible la recíproca colaboración internacional en la lucha de la humanidad contra el narcotráfico. El Plan Colombia así lo reclama.
Colombia necesita la ayuda internacional. Las primeras beneficiadas con el plan del gobierno de Pastrana serán las naciones limítrofes que se ubican en situación de extrema peligrosidad debido al narcotráfico y su inseparable aliada, la violencia.

101 años de Panamá América

 
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