Madura la crisis venezolana
La comunidad internacional ha reaccionado con lentitud ante la grave crisis política que afecta a Venezuela, y que pareciera estar entrando en etapas decisivas. Se trata de una crisis generada por el intento deliberado de Hugo Chávez y su régimen, dirigido a imponer en la Patria de Bolívar una especie de imitación de la revolución castrista en Cuba, ajustada en ciertos sentidos a nuevas realidades.
Es posible que una de las principales razones por las cuales el resto del mundo, y en especial el sistema interamericano, estén despertando tardíamente ante esta situación sea precisamente el hecho de que no resulta fácil creer que Chávez, realmente, considera que el despotismo castrista ha sido un éxito productor de beneficios para el pueblo cubano, hasta el extremo de pretender duplicarlo en plenos albores del siglo XXI. Lamentablemente, esa fantasía se ha transformado en pesadilla para los venezolanos, que hoy reaccionan masivamente en contra de los designios chavistas.
Fue muy infortunado para Venezuela y sus expectativas democráticas que los eventos que en abril pasado llevaron a la salida temporal de Chávez del poder desembocasen en un fiasco para la oposición. Un pésimo manejo político de esa coyuntura, originada en la matanza por parte de seguidores de Chávez contra una manifestación pacífica de la oposición, trajo como consecuencia no sólo que Chávez lograse reconquistar el poder, sino también que la comunidad internacional le percibiese, errónea y distorsionadamente, como una víctima. Ahora bien, a pesar de todos los esfuerzos del gobierno para difundir esa imagen fuera del país, gastando en el camino enormes sumas en propaganda y compra de conciencias, los venezolanos hemos logrado revertir otra vez las tendencias de opinión internacionales. Un evento fundamental en ello fue la gigantesca manifestación de protesta efectuada el pasado 10 de octubre en Caracas. Se calcula que alrededor de millón y medio de personas colmaron las principales arterias viales de Caracas para expresar su ferviente rechazo a Chávez. Hoy, mientras esto escribo, el país está totalmente paralizado por una huelga general.
222Todos los esfuerzos de la comunidad internacional orientados a contener a Chávez son bienvenidos por los venezolanos. No obstante, es crucial alertar al mundo sobre la verdadera naturaleza del régimen...
Por un lado, puede apreciarse un nuevo sentido de urgencia de parte de la OEA y de su Secretario General, quien ha intensificado sus gestiones para hallar alguna vía institucional y pacífica de solución a esta asfixiante crisis. Y hace poco el presidente del Perú sugirió un encuentro de cancilleres hemisféricos a objeto de discutir la aplicación de la Carta Democrática Interamericana al caso venezolano. Cabe también señalar que Washington parece estar endureciendo su línea hacia Chávez, luego de un temporal coqueteo con el aspirante a déspota en Caracas. En tal sentido, voceros del Departamento de Estado han llamado recientemente la atención sobre el imperativo de que el gobierno venezolano tome iniciativas concretas que respondan al clamor de la oposición, y proceda de una vez a desarmar las organizaciones paramilitares, creadas y financiadas por el régimen chavista y destinadas a intimidar, atemorizar y agredir a quienes le adversan. La reacción de Chávez ante este paulatino cambio de clima internacional ha sido airada y radical. Chávez no soporta las críticas, ni dentro ni fuera de Venezuela, y ha expresado en privado que "a él no le interesa la OEA". El régimen se trajo a su embajador en Lima, como signo de inconformidad hacia el planteamiento de Toledo, y ahora se apresta a contrarrestar el impacto de la huelga general.
Todos los esfuerzos de la comunidad internacional orientados a contener a Chávez son bienvenidos por los venezolanos. No obstante, es crucial alertar al mundo sobre la verdadera naturaleza del régimen y el proyecto político de Hugo Chávez. Tras la máscara del apego a la constitucionalidad y la democracia se esconde un caudillo comprometido con el radicalismo revolucionario y una especie de marxismo-guevarismo recalentado, un presidente que sólo gobierna para aquéllos que le siguen incondicionalmente, y que considera a buena parte de la sociedad venezolana como un enemigo a ser destruido o en todo caso doblegado. Chávez se ha peleado a muerte con la Iglesia, los empresarios, los medios de comunicación, gran parte del sindicalismo, y toda una gama de sectores que no están dispuestos a admitir sus designios autocráticos. No se ve clara una salida pacífica para esta situación, pues Chávez no parece dispuesto a actuar como un gobernante democrático. Lo que sí está claro es que los venezolanos hemos tomado la decisión inquebrantable de detenerle.
*Profesor de ciencia política, Universidad Simón Bolívar.
(c)www.aipenet.com
Es posible que una de las principales razones por las cuales el resto del mundo, y en especial el sistema interamericano, estén despertando tardíamente ante esta situación sea precisamente el hecho de que no resulta fácil creer que Chávez, realmente, considera que el despotismo castrista ha sido un éxito productor de beneficios para el pueblo cubano, hasta el extremo de pretender duplicarlo en plenos albores del siglo XXI. Lamentablemente, esa fantasía se ha transformado en pesadilla para los venezolanos, que hoy reaccionan masivamente en contra de los designios chavistas.
Fue muy infortunado para Venezuela y sus expectativas democráticas que los eventos que en abril pasado llevaron a la salida temporal de Chávez del poder desembocasen en un fiasco para la oposición. Un pésimo manejo político de esa coyuntura, originada en la matanza por parte de seguidores de Chávez contra una manifestación pacífica de la oposición, trajo como consecuencia no sólo que Chávez lograse reconquistar el poder, sino también que la comunidad internacional le percibiese, errónea y distorsionadamente, como una víctima. Ahora bien, a pesar de todos los esfuerzos del gobierno para difundir esa imagen fuera del país, gastando en el camino enormes sumas en propaganda y compra de conciencias, los venezolanos hemos logrado revertir otra vez las tendencias de opinión internacionales. Un evento fundamental en ello fue la gigantesca manifestación de protesta efectuada el pasado 10 de octubre en Caracas. Se calcula que alrededor de millón y medio de personas colmaron las principales arterias viales de Caracas para expresar su ferviente rechazo a Chávez. Hoy, mientras esto escribo, el país está totalmente paralizado por una huelga general.
222Todos los esfuerzos de la comunidad internacional orientados a contener a Chávez son bienvenidos por los venezolanos. No obstante, es crucial alertar al mundo sobre la verdadera naturaleza del régimen...
Por un lado, puede apreciarse un nuevo sentido de urgencia de parte de la OEA y de su Secretario General, quien ha intensificado sus gestiones para hallar alguna vía institucional y pacífica de solución a esta asfixiante crisis. Y hace poco el presidente del Perú sugirió un encuentro de cancilleres hemisféricos a objeto de discutir la aplicación de la Carta Democrática Interamericana al caso venezolano. Cabe también señalar que Washington parece estar endureciendo su línea hacia Chávez, luego de un temporal coqueteo con el aspirante a déspota en Caracas. En tal sentido, voceros del Departamento de Estado han llamado recientemente la atención sobre el imperativo de que el gobierno venezolano tome iniciativas concretas que respondan al clamor de la oposición, y proceda de una vez a desarmar las organizaciones paramilitares, creadas y financiadas por el régimen chavista y destinadas a intimidar, atemorizar y agredir a quienes le adversan. La reacción de Chávez ante este paulatino cambio de clima internacional ha sido airada y radical. Chávez no soporta las críticas, ni dentro ni fuera de Venezuela, y ha expresado en privado que "a él no le interesa la OEA". El régimen se trajo a su embajador en Lima, como signo de inconformidad hacia el planteamiento de Toledo, y ahora se apresta a contrarrestar el impacto de la huelga general.
Todos los esfuerzos de la comunidad internacional orientados a contener a Chávez son bienvenidos por los venezolanos. No obstante, es crucial alertar al mundo sobre la verdadera naturaleza del régimen y el proyecto político de Hugo Chávez. Tras la máscara del apego a la constitucionalidad y la democracia se esconde un caudillo comprometido con el radicalismo revolucionario y una especie de marxismo-guevarismo recalentado, un presidente que sólo gobierna para aquéllos que le siguen incondicionalmente, y que considera a buena parte de la sociedad venezolana como un enemigo a ser destruido o en todo caso doblegado. Chávez se ha peleado a muerte con la Iglesia, los empresarios, los medios de comunicación, gran parte del sindicalismo, y toda una gama de sectores que no están dispuestos a admitir sus designios autocráticos. No se ve clara una salida pacífica para esta situación, pues Chávez no parece dispuesto a actuar como un gobernante democrático. Lo que sí está claro es que los venezolanos hemos tomado la decisión inquebrantable de detenerle.
*Profesor de ciencia política, Universidad Simón Bolívar.
(c)www.aipenet.com