Magistrados: ¡Que decida el pueblo!
¿Acaso no hay juristas en el país? Al parecer es esta la interrogante de la actualidad y que muchos conciudadanos se formulan dada la poca concurrencia de los jurisconsultos a la convocatoria hecha para la escogencia de los dos nuevos magistrados que llenarán las vacantes producidas en la Corte Suprema de Justicia tras la inminente salida de dos de sus integrantes.
No es que ya no existan los juristas. Pero debo confesar que se trata de una especie en extinción. Harán unas cuantas horas, uno de los más conspicuos representantes del foro se nos ha ido. Hablo del Dr. Humberto Ricord. ¿Quién hablará de su magistral tesis doctoral en México relativa a un discurso profundo sobre la Reforma Agraria Mexicana y que aun sigue siendo libro de consulta obligada y hasta de texto en las universidades del hermano país? ¿Quién recordará sus incursiones en la lucha obrera del país y de sus incursiones en la producción jurídica en el Derecho del Trabajo? ¡Adiós al maestro de generaciones: Dr. Humberto Ricord¡ Aunque nunca ocupó una magistratura en la Corte, sin duda alguna su grandeza de jurista rebasó, con muchos éxitos y glorias, los límites de nuestra geografía.
La majestad de los cargos públicos es cosa digna de filosofar. Transitorios los cargos devienen en una especie de fecundo escenario para engrandecer a la Patria, a la familia, la propia imagen personal. Sin embargo, mala proyección se tiene, en la mayoría de los casos, por parte de quienes pasan a ocupar cargos cimeros en la administración pública o de justicia. No son pocos quienes se auto inyectan una especie de vacuna de soberbia y de vanidad sin límites; como que un mal espíritu, un demonio de egolatría los posesiona y se convierten en seres déspotas. Tiran, de este modo, cuesta abajo la estima popular y hasta despotrican de su propio abolengo olvidándose de los suyos y de quienes vieron en ellos promesas para la Patria.
Juristas hay y como son pocos no concurren, por obligados mandatos e imperativos éticos, a convocatorias cirqueras, a escenarios en donde resalta el espectáculo de la burla y la mofa, del irrespeto. Nunca, en lo personal, he creído en tales convocatorias de participación, ni siquiera de este gobierno ni en las de los pasados. Se requieren, previamente, bautizos sacrosantos.
La gran tribuna de los juristas es una sola: ¡La clara conciencia de que conocen Derecho, como arte y técnica, como filosofía y ciencia, y que Derecho no se escribe, jamás se escribiría, con palabras torcidas. Pienso en el Magistrado Wilfredo Sáenz, ojalá lo tomen en cuenta, es ese mi sincero deseo. Al menos, que los nuevos magistrados y sobre todo quien salga electo, si no es él, como nuevo Presidente de la Corte continúe los proyectos enjundiosos del Dr. Mitchell. Hay aún muchas tareas pendientes.
Ojalá amanezcamos un día, en país de ensueños dorados, con la novedosa institución electoral de que para elegir a los magistrados de la Corte debe irse a una contienda electoral. ¡Que decida el pueblo¡