Magistrados, ventanilla, lista corta y colofón
EN LA BÚSQUEDA de lo sublime, es fácil caer en el ridículo. Y eso es lo que está ocurriendo con el procedimiento adoptado para escoger a los dos magistrados (algunos quisieran que fueran tres) que llenarán las vacantes que se producirán al final del presente año.
En un artículo que escribí un par de semanas atrás, expresaba mi preferencia por mantener en manos del presidente la responsabilidad de "designar" a los futuros magistrados, siempre y cuando que éste se limite, literalmente, como ocurre en el sistema norteamericano, a "proponer" candidatos. Y, además, que en la etapa complementaria para perfeccionar el nombramiento, o sea, la ratificación de los propuestos por la Asamblea de Nacional de Diputados, en lugar de una aprobación por la aplanadora dominante en el parlamento, se realice un examen concienzudo de los propuestos, en audiencias abiertas al público.
Mediante el sistema que se ha puesto en práctica no se obtendrá el efecto buscado, que es, supuestamente, la selección objetiva y despolitizada de los futuros magistrados. Sin demérito para quienes respondieron a la convocatoria pública y sometieron sus nombres, hasta en número de 72, daba por descontado, y así quedó demostrado que en esa lista no figurarían muchos profesionales que, por su trayectoria y ejecutorias, merecerían integrar la Corte Suprema. A ellos, con toda seguridad, nunca les pasó por la cabeza, por razones de elemental decoro, presentarse a una ventanilla para someter sus candidaturas. ¡Y les felicito por eso!
Como se ha publicado, después de la etapa de la ventanilla, el siguiente paso, que está desarrollándose, son las entrevistas por una comisión evaluadora presidida por la presidenta del Colegio de Abogados, a la que corresponderá podar el frondoso abanico de candidatos para reducirlo a 15. Si el reclutamiento por ventanilla no hubiera sido suficiente para disuadir a muchos, las entrevistas para evaluarles terminaron de ahuyentar a figuras consagradas de nuestro mundo jurídico, académico y profesional, que, por elemental dignidad, no podían aceptar someterse a un "examen de sus aptitudes", por personas con menos ejecutorias y antecedentes.
Con razón, aparente, algunas personas me han manifestado que el presidente tiene menos calificaciones académicas y profesionales que los miembros de la famosa comisión, para juzgar los méritos jurídicos de los futuros magistrados.
No comparto ese argumento. Quien ha sido elegido para dirigir los destinos de la Nación es depositario de un mandato para que, en nombre del pueblo, tome las decisiones y promueva las acciones que beneficien al país. Y su deber es ejercerlo responsablemente. Y cuando se trata de designar a los magistrados del máximo tribunal, debe proponer a los mejores y más calificados juristas.
Mediante el procedimiento que se ha adoptado, al mandatario se le ha librado de pasar un examen crucial. Ahora no tendrá que probarle al país que posee el juicio y el tino suficiente para cumplir su responsabilidad constitucional. Como decía en ese artículo, que titulé "Sobre la designación de los magistrados", la comisión le facilitará la tarea, pues sólo deberá escoger de lista de los 15, o menos, "preseleccionados", entre los cuales estarán las personas que son de su simpatía, a los dos nuevos magistrados. Y nadie podrá acusarle de haber favorecido a sus amigos, partidarios o ex copartidarios.
Después vendrán las lamentaciones de los ignorados que se creyeron que los tomarían en cuenta, pero servirá de muy poco. Los hechos se habrán consumado.
Algunos piensan, y así lo han manifestado, que el presidente no está obligado a escoger de la lista corta de 15 candidatos, que no es una camisa de fuerza. Comparto esa apreciación. Ninguna norma le obligue a hacerlo. Sin embargo, para nada necesitará salirse de los preseleccionados. Varios de los que acudieron a la ventanilla, saben que ellos estarán en la "lista corta".
Por lo pronto, mi lista, "más corta aún", se reduce a cuatro: Rolando Murgas, Harley Mitchell, Carlos Vásquez y Aura Feraud. Espero acertar con uno, aunque no descarto que sean los dos.
Y, ahora, el colofón: Tan aberrante como el sainete montado para escoger a los futuros magistrados, es la pregunta, rayana en la estupidez, que una empresa encuestadora le hizo a 1, 200 panameños para que dijeran si están o no de acuerdo con la revocatoria de la visa al magistrado Spadafora. Si a esas personas se les hubiera preguntado, por ejemplo: ¿Conoce usted el contenido de los cargos de los cuales se le acusa? Estoy seguro que ni el 5% hubiera podido contestar afirmativamente. ¡Hagan ustedes sus conclusiones! Ese tipo de encuestas, más parecen destinadas a buscar, por cualquier vía, que haya una tercera vacante a disposición del presidente.
En un artículo que escribí un par de semanas atrás, expresaba mi preferencia por mantener en manos del presidente la responsabilidad de "designar" a los futuros magistrados, siempre y cuando que éste se limite, literalmente, como ocurre en el sistema norteamericano, a "proponer" candidatos. Y, además, que en la etapa complementaria para perfeccionar el nombramiento, o sea, la ratificación de los propuestos por la Asamblea de Nacional de Diputados, en lugar de una aprobación por la aplanadora dominante en el parlamento, se realice un examen concienzudo de los propuestos, en audiencias abiertas al público.
Mediante el sistema que se ha puesto en práctica no se obtendrá el efecto buscado, que es, supuestamente, la selección objetiva y despolitizada de los futuros magistrados. Sin demérito para quienes respondieron a la convocatoria pública y sometieron sus nombres, hasta en número de 72, daba por descontado, y así quedó demostrado que en esa lista no figurarían muchos profesionales que, por su trayectoria y ejecutorias, merecerían integrar la Corte Suprema. A ellos, con toda seguridad, nunca les pasó por la cabeza, por razones de elemental decoro, presentarse a una ventanilla para someter sus candidaturas. ¡Y les felicito por eso!
Como se ha publicado, después de la etapa de la ventanilla, el siguiente paso, que está desarrollándose, son las entrevistas por una comisión evaluadora presidida por la presidenta del Colegio de Abogados, a la que corresponderá podar el frondoso abanico de candidatos para reducirlo a 15. Si el reclutamiento por ventanilla no hubiera sido suficiente para disuadir a muchos, las entrevistas para evaluarles terminaron de ahuyentar a figuras consagradas de nuestro mundo jurídico, académico y profesional, que, por elemental dignidad, no podían aceptar someterse a un "examen de sus aptitudes", por personas con menos ejecutorias y antecedentes.
Con razón, aparente, algunas personas me han manifestado que el presidente tiene menos calificaciones académicas y profesionales que los miembros de la famosa comisión, para juzgar los méritos jurídicos de los futuros magistrados.
No comparto ese argumento. Quien ha sido elegido para dirigir los destinos de la Nación es depositario de un mandato para que, en nombre del pueblo, tome las decisiones y promueva las acciones que beneficien al país. Y su deber es ejercerlo responsablemente. Y cuando se trata de designar a los magistrados del máximo tribunal, debe proponer a los mejores y más calificados juristas.
Mediante el procedimiento que se ha adoptado, al mandatario se le ha librado de pasar un examen crucial. Ahora no tendrá que probarle al país que posee el juicio y el tino suficiente para cumplir su responsabilidad constitucional. Como decía en ese artículo, que titulé "Sobre la designación de los magistrados", la comisión le facilitará la tarea, pues sólo deberá escoger de lista de los 15, o menos, "preseleccionados", entre los cuales estarán las personas que son de su simpatía, a los dos nuevos magistrados. Y nadie podrá acusarle de haber favorecido a sus amigos, partidarios o ex copartidarios.
Después vendrán las lamentaciones de los ignorados que se creyeron que los tomarían en cuenta, pero servirá de muy poco. Los hechos se habrán consumado.
Algunos piensan, y así lo han manifestado, que el presidente no está obligado a escoger de la lista corta de 15 candidatos, que no es una camisa de fuerza. Comparto esa apreciación. Ninguna norma le obligue a hacerlo. Sin embargo, para nada necesitará salirse de los preseleccionados. Varios de los que acudieron a la ventanilla, saben que ellos estarán en la "lista corta".
Por lo pronto, mi lista, "más corta aún", se reduce a cuatro: Rolando Murgas, Harley Mitchell, Carlos Vásquez y Aura Feraud. Espero acertar con uno, aunque no descarto que sean los dos.
Y, ahora, el colofón: Tan aberrante como el sainete montado para escoger a los futuros magistrados, es la pregunta, rayana en la estupidez, que una empresa encuestadora le hizo a 1, 200 panameños para que dijeran si están o no de acuerdo con la revocatoria de la visa al magistrado Spadafora. Si a esas personas se les hubiera preguntado, por ejemplo: ¿Conoce usted el contenido de los cargos de los cuales se le acusa? Estoy seguro que ni el 5% hubiera podido contestar afirmativamente. ¡Hagan ustedes sus conclusiones! Ese tipo de encuestas, más parecen destinadas a buscar, por cualquier vía, que haya una tercera vacante a disposición del presidente.