Mal uso del poder del Estado
Al Estado delegamos el poder coercitivo, que ejerce a través de las armas. Gravísima responsabilidad que cuando las instituciones se corrompen, nos conducen hacia situaciones terribles, tal como la narcodictadura que sufrimos. Por ello vale estar atento a las señales de corrupción que hoy día abundan; veamos.
Cuando en vez de usar o apuntar el poder coercitivo hacia los malos se enfoca hacia los buenos, deberíamos ver muchas luces rojas prendiéndose en nuestro panel de mandos. En estos días hemos visto redadas de agentes que detienen a personas que se bajan de autobuses para pedirles sus documentos, al estilo Cuba. Así le ocurrió a una amistad cuya empleada extranjera, junto con otras más, quedaron esposadas y maltratadas a bordo de autos de policía, como si fuesen maleantes. Eran personas humildes que en la desesperación buscan cómo ganarse la vida; ¡ese es su pecado!
Policías que no se ocupan en buscar a esos criminales que abundan sino a indefensas personas que tratan de sobrevivir. Quien "paga", se va libre; el resto entra en un calvario inimaginable.
Los ciudadanos pagamos salarios a los asaltantes uniformados, cuyo mayor propósito no parece ser el control migratorio. Uno le gritaba a las domésticas a bordo de la chota: "¡Ustedes son las que le quitan los trabajos a nuestra gente!".
Conozco un indocumentado que lucha por ganarse la vida y a quien lo han cosechado varias veces. Asaltantes con fuero gubernamental, pues la jefatura que sabe y calla es más culpable que sus dependientes.
Igual barbaridad cometen a diario agentes de tránsito que montan retenes para "pescar" a quienes andan con licencias vencidas. Quien comete delito es el policía que, violando el derecho de libre tránsito, detiene a una empleada, conductor o cualquier otra persona, sin que medie causa. Ningún policía puede detener a nadie, a menos que la persona haya sido sorprendida infraganti en la comisión de una falta o delito. Pero más absurdo es que mientras detienen e indagan a personas que no han cometido falta alguna, pasan vehículos en manejo irresponsable que ponen en peligro la vida, y a esos no los detienen. ¿Será que esa pesca no es tan productiva?
Hoy día estos abusos los cometen mayormente en contra de gente humilde, pero llegará el día, tal como en 1968, en que todos seamos piezas de caza. Hacernos la vista gorda porque a quienes vejan son personas de pueblo, es deleznable.
Los inmigrantes no vienen a robar, sino a trabajar y quien trabaja hace patria, sea nacional o extranjero. Es atroz que nuestras autoridades lideren estos desmanes; y ojo, que la autoridad no es el policía, estos sólo son delegado de la autoridad y deben actuar en estricto apego a la ley y a las órdenes recibidas por sus superiores.
Soy hijo de un emigrante que hizo de Panamá su hogar, dejando aquí su descendencia y restos mortales. Panamá ha ganado mucho más con los emigrantes que lo que ha perdido; incluyendo a esos que supuestamente quitan plazas de trabajo.