Malaria y dengue
Hace muchos años había una enfermedad llamada malaria de la cual fuimos víctimas innumerables personas; igualmente era la tuberculosis, enfermedad de la que morían muchos panameños. El dengue es más moderno. En las décadas de 50 y 60 fueron prácticamente erradicados, sobre todo la malaria porque el SNEM era una institución dotada de un buen presupuesto. Trabajaban tan seriamente que lograron eliminar de la forma endémica a sólo focos pequeños de la enfermedad.
Durante la década de los 80, no recuerdo quién era el Ministro de Salud, pero yo era Presidenta de la Asociación Médica Nacional. Decidieron hacer un recorte de un millón de balboas al presupuesto del SNEM y fue inútil la lucha para evitarlo. Desde entonces, el trabajo de la institución se vio mermado y dio como resultado la reaparición de las enfermedades. Llegaron a no tener elementos para fumigar y eliminar el mosquito y sus larvas; llegaron a no poder hacerle frente, como lo hacían antes, al problema de la malaria que reapareció evidentemente.
Hoy hacemos grandes esfuerzos para prevenir el dengue y la malaria; hoy hacemos las propagandas que queramos para que la gente comprenda la importancia de prevenir la vida de los mosquitos. Sin embargo, el dengue se difunde más y más y tiende a complicarse con la forma maligna del hemorrágico y es poco lo que logramos con esta forma de campaña. Los panameños tendemos a culpar al gobierno por la reaparición de esta enfermedad; sin embargo, ésta no es tarea sólo del gobierno que también tiene otros problemas serios. La responsabilidad es también de los ciudadanos que no queremos entender el peligro a que estamos expuestos si continuamos viviendo en la porquería, en la suciedad, dejando aguas estancadas que luego son el hábitat del mosquito y larvas que contagian las enfermedades.
Considero que el gobierno hace lo posible por educar al pueblo. Tal vez no lo suficiente o, a veces, en forma equivocada. Pero la verdad es que al gobierno se le dificulta llevar a cabo su tarea si no cuenta con el apoyo de la población. No es posible que la gente arroje basura en los ríos, que mantengan acumulación de agua irresponsablemente, que no tenga conciencia del peligro para ellos, sus familiares y toda la comunidad que lo rodea. Pareciera que nuestra gente fuera inculta, fuera gente fuera de todo cuidado, de toda seriedad.
Si los panameños continuamos con esta mentalidad y no damos al problema la importancia que tiene, seremos un país más en el contexto centroamericano en la propagación del dengue y la malaria. Recuerdo hace muchos años cuando don Chinchorro logró controlar la fiebre aftosa y puso mano fuerte evitando la entrada de carne o ganado de los países vecinos. ¿Cómo podemos hacer ahora para dar a los inspectores suficiente autoridad para obligar a las personas que tienen agua estancada a eliminarla? ¿Cómo hacemos para que la gente no tenga la impresión de que esos inspectores quieren perseguirlos y buscar problemas donde no existen? Por otro lado, es necesario crear conciencia en todos los que inspeccionan las casas, para que lo hagan con seriedad, con conciencia de su deber y cumplirlo y hacerlo cumplir.
Señores, actuemos con seriedad, responsabilidad, con madurez; llevemos sobre nuestros hombros la conciencia de que somos nosotros mismos los llamados a prevenir eliminando los focos de infección. A través de esta columna hago un recorderis a mis lectores para que coadyuven con el gobierno para que se eliminen las causas de las enfermedades. Cuando lleguen los inspectores, los reciban, les hagan caso y a la vez, exijan de ellos que cumplan con su deber y que las visitas no sean meramente de cortesía o de obligación sino que sean profundas y responsables para dar con lo que buscan. Hagamos una campaña de ambas partes para evitar lo que pasa en otros países.
Durante la década de los 80, no recuerdo quién era el Ministro de Salud, pero yo era Presidenta de la Asociación Médica Nacional. Decidieron hacer un recorte de un millón de balboas al presupuesto del SNEM y fue inútil la lucha para evitarlo. Desde entonces, el trabajo de la institución se vio mermado y dio como resultado la reaparición de las enfermedades. Llegaron a no tener elementos para fumigar y eliminar el mosquito y sus larvas; llegaron a no poder hacerle frente, como lo hacían antes, al problema de la malaria que reapareció evidentemente.
Hoy hacemos grandes esfuerzos para prevenir el dengue y la malaria; hoy hacemos las propagandas que queramos para que la gente comprenda la importancia de prevenir la vida de los mosquitos. Sin embargo, el dengue se difunde más y más y tiende a complicarse con la forma maligna del hemorrágico y es poco lo que logramos con esta forma de campaña. Los panameños tendemos a culpar al gobierno por la reaparición de esta enfermedad; sin embargo, ésta no es tarea sólo del gobierno que también tiene otros problemas serios. La responsabilidad es también de los ciudadanos que no queremos entender el peligro a que estamos expuestos si continuamos viviendo en la porquería, en la suciedad, dejando aguas estancadas que luego son el hábitat del mosquito y larvas que contagian las enfermedades.
Considero que el gobierno hace lo posible por educar al pueblo. Tal vez no lo suficiente o, a veces, en forma equivocada. Pero la verdad es que al gobierno se le dificulta llevar a cabo su tarea si no cuenta con el apoyo de la población. No es posible que la gente arroje basura en los ríos, que mantengan acumulación de agua irresponsablemente, que no tenga conciencia del peligro para ellos, sus familiares y toda la comunidad que lo rodea. Pareciera que nuestra gente fuera inculta, fuera gente fuera de todo cuidado, de toda seriedad.
Si los panameños continuamos con esta mentalidad y no damos al problema la importancia que tiene, seremos un país más en el contexto centroamericano en la propagación del dengue y la malaria. Recuerdo hace muchos años cuando don Chinchorro logró controlar la fiebre aftosa y puso mano fuerte evitando la entrada de carne o ganado de los países vecinos. ¿Cómo podemos hacer ahora para dar a los inspectores suficiente autoridad para obligar a las personas que tienen agua estancada a eliminarla? ¿Cómo hacemos para que la gente no tenga la impresión de que esos inspectores quieren perseguirlos y buscar problemas donde no existen? Por otro lado, es necesario crear conciencia en todos los que inspeccionan las casas, para que lo hagan con seriedad, con conciencia de su deber y cumplirlo y hacerlo cumplir.
Señores, actuemos con seriedad, responsabilidad, con madurez; llevemos sobre nuestros hombros la conciencia de que somos nosotros mismos los llamados a prevenir eliminando los focos de infección. A través de esta columna hago un recorderis a mis lectores para que coadyuven con el gobierno para que se eliminen las causas de las enfermedades. Cuando lleguen los inspectores, los reciban, les hagan caso y a la vez, exijan de ellos que cumplan con su deber y que las visitas no sean meramente de cortesía o de obligación sino que sean profundas y responsables para dar con lo que buscan. Hagamos una campaña de ambas partes para evitar lo que pasa en otros países.