A manera de confesiones
Voy a dejar que lean el borrador de párrafo que tenía para esta columna. Escribí: "Si hoy me atrapara en una mala curva el momento de la muerte, le diría "¡qué bueno!". Primero porque tengo misiones cumplidas y me puedo ir al más allá y, además, estos no son días del todo buenos para seguir respirando".
Cuando leí lo que tenía escrito en la pantalla sentí pena por mi propio arrodillamiento, y en un primer impulso las borré. Pero a último momento rescaté el párrafo de la basura y decidí usarlo.
Pensé que serviría para unirme a la larga fila de desilusionados que esperan en la acera de enfrente a que deje de llover. Podría utilizarlo para decirles a muchos que no están solos y que todos pasamos por los mismos momentos de insomnio e incertidumbre.
A diferencia del resto de los mortales, los periodistas tenemos que manosear la boñiga, embarrarnos hasta la lengua con ella, procesarla y pasarla al pueblo transformada en reportajes, no todos felices. Mucho sale a la luz, pero mucho también lo tragamos en silencio, y poco a poco nos vamos envenenando.
Por eso el fastidio del periodista con el tiempo es más amargo, porque es la suma de todas las frustraciones, de todos los enojos, de todos los dolores. Ver desde la primera fila como gira el carrusel de la vida, con sus momentos de luces, pero también de fatigas, a la larga cansa.
Pero bueno, en realidad no estaría feliz por morirme ni nada que se parezca; me falta terminar de criar a tres chiquillos que me insuflan motivos cada noche, y muy en el fondo sé que todavía no he ayudado a construir ese mejor país que les debo. Por eso les digo y me digo: ¡Ánimo, la vida es preciosa y vale la pena vivirla!
Para ellos, el 30 por ciento de los electores que votó a favor del proyecto les extendió un cheque en blanco, que ellos pueden rellenar a su antojo. Pero eso no es lo que piensa el resto del país, ni siquiera, aunque no lo digan públicamente, la mayoría de los que votaron por el Sí.
Como nunca hubo un verdadero debate de la propuesta de ampliación, pues jamás se confrontaron las afirmaciones de los promotores del proyecto con las múltiples y fundadas objeciones presentadas por muchos distinguidos compatriotas, no fue posible aclarar dónde radica la verdad. Y como no creo que haya en las esferas oficiales la más mínima intención de esclarecerla, corresponde hacerles un nuevo emplazamiento, en los siguientes términos:
Primero: Señores de la ACP y del gobierno: ¿Están ustedes dispuestos a aceptar que profesionales idóneos, no vinculados a la ACP, revisen los procedimientos y los cálculos para determinar los costos reales del proyecto?
Segundo: ¿Si los costos reales, incluyendo los del financiamiento (préstamos) y todos los rubros que no fueron contemplados, exceden el tope crítico de 6,000 millones que ustedes mismos fijaron, están ustedes dispuestos a suspender la iniciación del proyecto?
Tercero: ¿Si los aumentos de los peajes son rechazados por los usuarios y, según ustedes, con ellos se financiaría la construcción del proyecto, están ustedes dispuestos a suspender la iniciación del proyecto? Después del vacío que nunca se llenó, de una discusión seria y a fondo de la propuesta de ampliación, estas interrogantes son más que legítimas. Esperamos su respuesta.
Cuando leí lo que tenía escrito en la pantalla sentí pena por mi propio arrodillamiento, y en un primer impulso las borré. Pero a último momento rescaté el párrafo de la basura y decidí usarlo.
Pensé que serviría para unirme a la larga fila de desilusionados que esperan en la acera de enfrente a que deje de llover. Podría utilizarlo para decirles a muchos que no están solos y que todos pasamos por los mismos momentos de insomnio e incertidumbre.
A diferencia del resto de los mortales, los periodistas tenemos que manosear la boñiga, embarrarnos hasta la lengua con ella, procesarla y pasarla al pueblo transformada en reportajes, no todos felices. Mucho sale a la luz, pero mucho también lo tragamos en silencio, y poco a poco nos vamos envenenando.
Por eso el fastidio del periodista con el tiempo es más amargo, porque es la suma de todas las frustraciones, de todos los enojos, de todos los dolores. Ver desde la primera fila como gira el carrusel de la vida, con sus momentos de luces, pero también de fatigas, a la larga cansa.
Pero bueno, en realidad no estaría feliz por morirme ni nada que se parezca; me falta terminar de criar a tres chiquillos que me insuflan motivos cada noche, y muy en el fondo sé que todavía no he ayudado a construir ese mejor país que les debo. Por eso les digo y me digo: ¡Ánimo, la vida es preciosa y vale la pena vivirla!
Para ellos, el 30 por ciento de los electores que votó a favor del proyecto les extendió un cheque en blanco, que ellos pueden rellenar a su antojo. Pero eso no es lo que piensa el resto del país, ni siquiera, aunque no lo digan públicamente, la mayoría de los que votaron por el Sí.
Como nunca hubo un verdadero debate de la propuesta de ampliación, pues jamás se confrontaron las afirmaciones de los promotores del proyecto con las múltiples y fundadas objeciones presentadas por muchos distinguidos compatriotas, no fue posible aclarar dónde radica la verdad. Y como no creo que haya en las esferas oficiales la más mínima intención de esclarecerla, corresponde hacerles un nuevo emplazamiento, en los siguientes términos:
Primero: Señores de la ACP y del gobierno: ¿Están ustedes dispuestos a aceptar que profesionales idóneos, no vinculados a la ACP, revisen los procedimientos y los cálculos para determinar los costos reales del proyecto?
Segundo: ¿Si los costos reales, incluyendo los del financiamiento (préstamos) y todos los rubros que no fueron contemplados, exceden el tope crítico de 6,000 millones que ustedes mismos fijaron, están ustedes dispuestos a suspender la iniciación del proyecto?
Tercero: ¿Si los aumentos de los peajes son rechazados por los usuarios y, según ustedes, con ellos se financiaría la construcción del proyecto, están ustedes dispuestos a suspender la iniciación del proyecto? Después del vacío que nunca se llenó, de una discusión seria y a fondo de la propuesta de ampliación, estas interrogantes son más que legítimas. Esperamos su respuesta.