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Maniobra y anarquía


Los estatutos de seguridad, que han levantado rechazo en sectores importantes de la población, están por pasar sus exámenes. Hace algunos años la presencia policial en distintos puntos del país parecía más una formulación que un acto efectivo. La posterior espiral de violencia lo vino a confirmar.

Nadie niega el reto formidable que enfrenta el país en esa materia, sobre todo luego de la transnacionalización del crimen organizado. Pero, ¿no puede la Policía con este problema? Puede hablar bien de una ciudad el que en sus avenidas no aparezca un solo policía, pero no es ese el caso de la ciudad de Panamá debido a cifras conocidas; por el contrario, tanto el comportamiento policial como el presupuesto asignado pareciera indicar que no es esa la principal preocupación de las autoridades.

La propia Policía, con un evidente espíritu de cuerpo, parece decidida a ausentarse de temas que le competen: Pasan dos horas para atender un tema de tránsito, más de cuatro si alguien pide auxilio, si es que llegan. Pareciera que existe la doble intención para dejar todo manga por hombro, y que el delito se haga más evidente y nocivo, hasta que los ciudadanos salgan a implorar la presencia militar. Viejas lecciones indican que cuando eso pasa, entonces la fuerza del orden reaparece con condiciones y todo. ¿Habrá alguna en esta ocasión? ¿Estarán actuando con esa intención? Cuando un funcionario no sirve para un cargo se le reemplaza, antes de que la fuerza sea una amenaza renovada.

101 años de Panamá América

 
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