default

"Mano de Piedra"


Anoche el pueblo panameño rindió tributo, en el gimnasio que lleva su nombre, a Roberto Durán, quien fue campeón mundial de boxeo en cuatro distintas categorías. El es el atleta que más honor ha dado al país y uno de los compatriotas que más ha contribuido a darlo a conocer en el extranjero. Se puede estar en cualquier rincón del planeta y malgastar tiempo explicando a un interlocutor que Panamá es un país, y su ubicación, sin que le presten a uno la menor atención, salvo cuando se mencionan como palabras mágicas el Canal y Durán. Del brillo de los ojos del extranjero surge entonces la luz del recuerdo y la gloria de tantas batallas cimeras del intrépido pugilista.
Lo que le debemos a ese humilde chorrillero de raíces santeñas, no tiene precio. Pocos como él padecieron tanta pobreza y crecieron en medio de tan hostil ambiente social.
De educación limitada, la calle fue su principal y acaso única escuela. A trompadas se hizo respetar por las pandillas del barrio y acompañó muchas veces al inolvidable "Kid Chaflán" en su interminable caminar, bolsa al hombro, por toda la ciudad. Humilde en la victoria, inmenso en los malos momentos, con su sonrisa y perenne optimismo, Durán es el mejor de los panameños. Su sentido de vivir pleno es asimismo, digno de estudio.
A muy temprana edad, se hace boxeador. Era muy delgado y alto para su peso. Había pocas peleas en su categoría y, por eso, regalaba libras. Aun con desventaja y apuestas en contra, siempre ganaba. El confiesa que pelear le divertía y más si le pagaban. Era un muchacho decente y honrado. Nunca abandonó a su madre y abuela. Carecía de la presencia de su padre.
Una vez lo enfrentaron a un hombre invencible, que fue y se retiró como campeón mundial. Se trataba del legendario panameño Ernesto Marcel. Era un rival muy superior a él en todo. Las protestas fueron infinitas por la disparidad del cotejo. A la hora del combate, los pronósticos fueron confirmados. Marcel daba una paliza a Durán, hasta que por el séptimo u octavo, un solo golpe paralizó al campeón. En uno de los asaltos siguientes, Marcel no salió a pelear y Durán saltó desde entonces hacia la gloria infinita.
Hacer aquí un recuento histórico de su centenar de combates no tiene sentido. Nos basta con decir que fue el mejor peso liviano de todos los tiempos y que se enfrentó a los mejores pugilistas de su época, algunos de los cuales figuran en el Salón de la Fama o en la lista de los más grandes del siglo XX.
Durán venció a la mayoría y perdió dignamente con otros. Ganó fama y fortuna. Malgastó parte de la última, eso fue asunto suyo. Tiene un corazón inmenso, noble y bondadoso.
Demos gracias a Dios porque nuestro campeón se retira saludable, pleno de honor, en medio del respeto del mundo y el cariño de su pueblo, a quien tantas décadas de orgullo y alegría regaló a raudales.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América