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Mano dura, pero equitativa


Hace poco se reformó el Código Penal para que los delitos que se cometen contra la integridad física de los agentes de Policía se consideren agravados; es decir, de una penalidad más alta que si el mismo hecho se comete contra un ciudadano común y corriente.

Puede discutirse la conveniencia de esa norma, pero cabe reconocer que el riesgo que corren diariamente los agentes del orden es mayor que el de las demás personas; de allí la necesidad de elevar su protección con penas más severas, cuya finalidad es principalmente preventiva.

De la misma forma, cabe argumentar que la condición de agente de la Fuerza Pública involucrado en la comisión de delitos sea severamente castigada; es decir, que se considere como un agravante. Pues los ciudadanos esperamos de la Policía protección, y somos fáciles víctimas del delito cuando el victimario es un miembro de la fuerza del orden.

Así, recientemente, se ha conocido que son varios los uniformados los que están vinculados a una serie de secuestros cometidos en la ciudad capital. Hay que enviar el mensaje a los miembros de las entidades policiales que sus actividades delictivas serán sancionadas con una severidad mayor a la que se emplea de ordinario con las demás personas. Es una manera de prevenir que las fuerzas del orden y la seguridad se pasen al lado oscuro de la fuerza.

Muy bueno sería que el tema se incluyera en el proyecto de reformas penales que recientemente el Gobierno ha presentado a la Asamblea Nacional.

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