Mano dura, política fracasada
Desde este espacio hemos insistido en innumerables ocasiones en que las llamadas políticas de "Mano dura" han fracasado en Panamá y en todos los países donde se ha querido reducir los niveles de delincuencia por medio de acciones policiales represivas al margen de la Constitución y del respeto a principios básicos de convivencia democrática. La lección es simple: se necesitan políticas de prevención social enfocadas en el apoyo a las familias y a las escuelas; cuando el delito se ha cometido, entonces se requiere la mano justa, que no es más que aplicar la ley con toda la severidad que el caso particular requiera; y cuando se sanciona hay que hacerlo buscando recuperar al individuo para la sociedad, no tratando de aniquilarlo.
Esta lección sencilla es desoída por quienes creen haber encontrado la bala mágica de la seguridad en la promesa de leyes penales más punitivas, cuando en realidad lo que hacen es inventarse las hipótesis más catastrofistas posibles para justificar el exceso de las acciones represivas, sin necesidad de plantearse nada que tenga que ver con prevención, justicia o rehabilitación.
Comerse a los caníbales no es precisamente una reacción civilizada, como tampoco es responsable aspirar a la Presidencia de la República prometiendo legislar y administrar justicia todo a un mismo tiempo. Hoy parece que la "Mano dura" una vez más podría convertirse en el simbolo de un fracaso, no ya de una ley o una política, sino de algo tan trivial como una campaña política mal enfocada.