Mantener la movilización para el desarrollo futuro
Todo indica que el 2010 empieza con buen pie a nivel económico y financiero. Las bolsas internacionales han recuperado parte de las pérdidas ocasionadas por la crisis financiera y los indicadores económicos permiten augurar una recuperación, lenta pero certera. Al menos así lo pronostican los "gurús" del sector.
En la actualidad, la crisis financiera, iniciada por el comportamiento irresponsable de los sistemas bancario y bursátil occidentales, ha dejado paso a las dificultades políticas de los gobiernos que luchan por cerrar unos presupuestos, que carecen de recursos suficientes y que pretenden contener un malestar social latente.
Hoy en día, hay que reconocer que la crisis no fue generalizada. La sintieron las empresas que necesitaban de créditos bancarios para finalizar sus obras, la vivieron los obreros que perdieron su trabajo y otros que perdieron sus viviendas por no poder asumir, en esas condiciones, sus hipotecas; la sufrieron el sector turístico y los países que cuentan con remesas de sus emigrantes en el extranjero.
Por ello, el sistema no puede ser más que el mismo, puesto que su estructura queda intacta, y por lo tanto no se puede esperar cambio alguno sin mantener la movilización de todos aquellos que reclamamos, en su momento, el cambio: el de la estructura económica y de la sensibilidad política.
Me dirijo a esas plumas que han cesado de escribir, a esas voces que han dejado de vociferar, a esos políticos que se habían dignado acordarse de los pobres y que de pronto se olvidan de las sílabas que conforman la palabra solidaridad. Me dirijo a todos aquellos que se aprestan a disfrutar la nueva era de prosperidad, haciendo votos para que Dios se apiade de los que tengan que afrontar la próxima crisis, para pedirles que rectifiquen. No se puede bajar la guardia cuando el peligro aun nos acecha. No se pueden dejar a su suerte las miles de víctimas del sistema y orar por ellos. No se puede dimitir de su deber de ciudadano sin debatir, sin tratar de convencer, máxime cuando la verdad salta a la vista y que la verdad está del lado del futuro de nuestro hijos.
Nuestra voz debe ser movimiento; nuestros votos, Poder. No importan fronteras ni deberán influir soberanías cuando los males que nos acechan han sabido cambiar la vestimenta del colonialismo “civilizador” y voraz por los atuendos de un ultra-liberalismo globalizado, férreo e inhumano que ya no necesita ni de mandatos internacionales ni de ejércitos, sino de reglas comerciales transfronterizas tan equitativas que tratan de superar a las que rigieron el enfrentamiento entre David y Goliath.
Aunque es preciso recordar que ciertas proezas no suelen ser fáciles de reeditar.