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Maquillajes y manipulaciones contables


Suele decirse que las Matemáticas son una ciencia exacta, pero no es cierto, o al menos no como antes se pensaba. Einstein y otros se encargaron de desbaratar el dogma. En esencia, la exactitud es relativa, es cuestión de óptica y metodología. Así por ejemplo, por más que la Autoridad Bancaria se esmere en dictar directrices para el cálculo de intereses, es virtualmente imposible que dos bancos o financieras coincidan en su cálculo respecto a una misma deuda. Si se quiere, para enredar las cosas, todos los cálculos son exactos y todos son errados, dependiendo de cómo hizo cada cual sus números. Por eso es tonto que los profesores de la disciplina califiquen bueno o malo un problema a sus estudiantes, sin tener presente esa realidad. El argumento trillado de que dos y dos son cuatro, y cuatro y dos son seis, no es tan exacto nada. Y no discutamos más. Conformémonos por lo pronto en recordar a Einstein, su tiempo y espacio que se curvan a la velocidad de la luz.
Los nuevos y los anteriores titulares del Ministerio de Economía están discrepando abiertamente en las cifras sobre el estado de las finanzas públicas, en cosas tan elementales como la cantidad de empleados estatales. Los nuevos funcionarios insisten que se infló la planilla con 50 mil funcionarios más y los viejos lo niegan categóricamente, alegando que tal vez se trate de contratos por servicios profesionales. Los nuevos sitúan el déficit fiscal en 5.5% y los viejos dicen que lo entregaron sin exceder el 3% en vías de ajuste hacia el máximo legal de 2%. Los viejos estimaban los ingresos corrientes de este año en B/.2,200 millones, y los nuevos lo ajustan a B/.1,800 imputando a aquellos el haber inflado los aportes del Canal y contabilizado dividendos del Banco Nacional previstos para el año próximo como si fueran del presente, a más de otras manipulaciones.
En cuanto a nosotros, como ciudadanos, nos gustaría contar con una auditoría independiente, como la realizada hace unos meses por el comité de ciudadanos sobre el estado de la administración de justicia, respecto al manejo de casos concretos de corrupción. Nos gustaría saber con exactitud - con la consabida relatividad del término - cuál es el estado de las finanzas públicas y del tamaño del Estado. Si hay voluntad y transparencia, saberlo no sólo es posible, sino conveniente, a más de que tenemos derecho a saber la verdad, sin maquillajes ni medias tintas. Y, de paso, si se comprueban malos manejos, llevar a la cárcel a los responsables.
Defino " burocracia" como muchas cosas juntas, malas y negativas para el progreso del país, no solamente la excesiva cantidad de empleados o su pereza sino ausencia de jefes, las fallas de la organización y la falta de conocimientos, autoridad, experiencia y energía -y a veces motivación- en los niveles directivos responsables, etc.
Quizás sea bueno también adoptar ese criterio amplio y procurar, de este modo, resultados de mayor envergadura y profundidad, atacando el mal de raíz y dando a la cuestión una solución más armoniosa y permanente.
Cuando una organización es buena y está bien dirigida, los inútiles y los haraganes, si es que los hay, desaparecen por sí solos.
En cuanto a la inundación de empleados públicos durante la pasada administración de Gobierno, no se necesita esperar la reforma administrativa, es cuestión de entrar con la máquina podadora.
Estoy seguro que la señora que los empleó sabía lo que les ocurriría y, por lo tanto, fue un acto de sadismo. Lo siento por ellos, quienes tuvieron la esperanza de quedarse, ya que a pesar del crecimiento de la economía la situación del empleo es muy precaria.
Anteriormente, un desempleado era una persona que buscaba trabajo por primera vez hasta encontrarlo, o una persona que había perdido voluntaria o involuntariamente su empleo, y buscaba otro hasta lograrlo. El problema hoy es que esos empleos no existen.

101 años de Panamá América

 
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