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Marco Ameglio


Cuando este artículo vea la luz, se estarán celebrando las elecciones primarias del Partido Panameñista. Si los indicadores varios son ciertos, Marco no saldrá triunfador en las mismas, pero no por ello deseo dejar pasar, en fecha tan importante para ese partido amigo, lo que considero es el gran valor de Marco en dicho colectivo.

Me tocó vivir al frente de Solidaridad lo que fue el reinicio de la actividad política luego de la campaña de 2004. Los resultados electorales sometieron al panameñismo a una de sus más duras derrotas. El partido como institución estaba no sólo fraccionado, sino reducido a su mínima expresión. Las victorias tienen muchos dueños y las derrotas son huérfanas, dice un sabio refrán. Marco Ameglio inició un trabajo tesonero por la democratización interna con la que pretendió y luego logró encabezar el partido por un período de tiempo cercano a los dos años. En todo ese tiempo, defendió lo indefendible. Pocos hablaban en esos tiempos. Todos los miércoles coincidíamos donde Renato Pereira en su tránsito por varios canales, así como también en otros variados programas de opinión en tiempos que aún la aureola de Martín Torrijos brillaba y a los opositores nos cuestionaban nuestro papel, y nos invitaban a sumarnos al carro de la ex patria nueva so pretexto de la gran unidad necesaria para sacarle al gobierno sus castañas del fuego, luego de tantos errores producto de su innegable improvisación que hoy el tiempo no oculta y la publicidad no maquilla. Era la cara visible del panameñismo cuando las discusiones de la reforma tributaria y la de la CSS, entre otros momentos críticos, que sometieron al país a grandes traumas que aún no terminan.

Cuando Solidaridad celebró su Convención de octubre de 2004 e introdujo en sus estatutos por primera vez en la historia la idea de una elección interpartidaria para escoger al candidato presidencial opositor, pensando en el torneo de 2009, Marco hizo lo propio y llevó con el apoyo de varias facciones a que similar reforma se introdujera cuando los estatutos del partido sufrieron modificación integral. En el tiempo aquella novedad se desvirtuó por otras causas, pero nadie puede negar su utilidad si hubiera habido oportunamente la voluntad para hacerlas.

José Martí dijo que "trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras", pensamiento que aplica a Marco. Lo que pase hoy en el panameñismo es una consecuencia directa de esas ideas reformistas, de esa apertura democrática que ya nadie puede cuestionar que les sirvió para, en parte, unificar al partido y lavar la cara sucia del mismo, tal y como quedó luego del 2004. Marco fue un gran propulsor del cambio cuando nadie pensaba en su recuperación. En momentos como éstos, en donde el triunfo sonríe a otro, es adecuado ver hacia atrás el camino recorrido y reconocer méritos a quien los hizo con gran trabajo, visión y dedicación.

101 años de Panamá América

 
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