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Marco Aurelio 121 – 180


Este emperador romano fue un personaje singular. Ni afanoso ni feliz, a los pocos días que faltaban para subir al trono su rostro reflejaba un estado de tristeza. Su madre le preguntó a qué se debía eso, y le respondió: -Voy a gobernar. ¿ No te parece eso motivo suficiente de tristeza? –

En aquellos días, campeaba en forma alarmante la corrupción del pueblo romano, pero Marco Aurelio se mantuvo como el más puro y virtuoso de sus conciudadanos. Defendió a los esclavos contra sus amos y protegió a los pobres; tan piadoso fue, que en una ocasión en que conducían a quemar a un mísero ser desnudo, arrojó su manto sobre el cadáver.

Como gobernante, suprimió las confiscaciones, persiguió a los delatores oficiosos y ordenó que los gladiadores lucharan con espadas sin punta.

En las postrimerías de su vida escribió su obra Meditaciones, las que después de casi dos mil años se siguen leyendo y reeditando. Su contenido es tan valioso que convendría mucho leerlo, especialmente a los gobernantes que tan inclinados son a leer El Príncipe de Nicolás Maquiavelo, cuya filosofía era la de que el fin justifica los medios.

101 años de Panamá América

 
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