Mario Castro Arenas el humanista
La América Criolla y Panamá se fecundaron con el talento y la calidad humana de los intelectuales y científicos de la España republicana que llegaron a nuestro continente como consecuencia de la Guerra Civil que ensombreció la Patria de García Lorca, entre ellos Juan María Aguilar, Renato Ozores y Concha Peña. Asimismo, ante el exilio de ciudadanos ilustres acosados por las tiranías que trágicamente ensangrentaron a la América Latina, Panamá también se enriquece con esos hombres semillas y Mario Castro Arenas es uno de ellos. El, como muchos otros, nos aportan su dinamismo e integridad conceptual.
El autor de Guerrilleros de la Novela, como bolivariano que es, sigue los pasos del Buen Ciudadano, tal como Bolívar prefirió ser recordado. Bolívar era un apasionado lector y sin tener una educación universitaria llegó a ser el hombre más culto de su época y el primer crítico literario de la América Latina.
“Tres versiones del Rey Lear” y otros estudios literarios inician un fantástico periplo por los exóticos mares de la literatura. Desde la antigüedad greco-latina con el poeta Homero y el historiador Tito Livio desarrolla una observación minuciosa en su aventura crítica en torno a doce autores y sus obras.
Es una navegación intuitiva, psíquica, irreverente, tal como la que hizo Ulises, pero en esta ocasión, Mario Castro Arenas busca esas relaciones subyacentes, a veces paradójicas, otras disidentes, y muchas otras con la coincidencia de tener un origen común.
Sus fuentes documentales son extraordinarias y sus oportunas citas constituyen un breviario de la literatura universal. La obra confirma lo que tanto Jorge Luis Borges como otros escritores sustentan: que la literatura es un proceso aluvional, que todos somos autores de esa gran obra colectiva tal como lo es la Humanidad. Que la literatura son siglos, ansiedades, símbolos, audacias y vivencias. Un escritor son muchos otros, un libro la síntesis de muchas épicas y de incontables utopías.
Para Castro Arenas, la lectura tanto es arte como ciencia y un íntimo sendero mayeútico. Y así como el novelista egipcio Naguib Mahfouz es un cirujano de almas, Mario incisivamente y con agudeza académica, devela en los textos literarios sus raíces telúricas, establece sutiles analogías y elabora como hábil geógrafo un delta con sus ramificaciones esenciales.
Aborda sus estudios literarios con prosa precisa y depurada, libre de retórica. Su elocuente estilo es relevante ya que su posición purista la complementa con significativos enfoques sociológicos, políticos, filosóficos y estéticos. Lo que ocurre es que Mario Castro Arenas es un humanista y ante la disyuntiva de elegir las profesiones adecuadas, actúa igual que Diderot: es feliz con el estudio, investigación y análisis del haber bibliográfico.
En sus ensayos son notables las relaciones que establece entre distintos libros pues él se identifica con Paul Valery cuando nos dice que “toda obra es de muchas otras”. Asimismo nos impactan sus luminosas analogías cuando descubre los sentidos múltiples que se entrecruzan entre distintas composiciones literarias. Así aprendemos de las distintas perspectivas del Rey Lear como las de Shakespeare, Balzac y Alfonso el Sabio cuando profundiza en el personaje y su entorno cultural. Nos llamó la atención su mordaz alusión a la Sociedad de los diez mil cuando Balzac en su narración de Papá Goriot a través de uno de sus protagonistas comenta: La sociedad de los diez mil es una asociación de ladrones de alto copete, individuos que trabajan en gran escala y no se meten en ningún negocio en el que ganen menos de diez mil francos. Asimismo, al reflexionar sobre la novela dialogada son sorprendentes las imágenes que dibuja de La Lozana andaluza, El sobrino de Rameau y de Conversaciones en la Catedral. Allí están los antecedentes de la técnica del lenguaje coloquial, tan popular en la narrativa contemporánea. Nos encantó el perfil humano y filosófico del enciclopedista Diderot, la visión cósmica de Ulises en la Odisea y su aproximación al poeta de Las Flores del Mal, Charles Baudelaire.
Y es que Mario Castro Arenas hace una lectura integral, lo abarca todo sin fragmentaciones. Intuye la fuerza real de la escritura, los sentidos ocultos, los tonos y matices insospechados.
El Círculo de Lectura de la USMA los invita a compartir con sus amistades las Tres versiones del Rey Lear y otros estudios literarios, de manera especial la recomendamos a los políticos, filósofos, historiadores, psicólogos y profesores de literatura, pero sobre todo a los que desean tener una sólida cultura literaria pues cada lectura da vida a los personajes y sus dramas, así como también genera la potencia genética para crear libros como éste.
Lo mismo hizo Sinán en su participación, -que la tuvo- en la vida política del país. Sinán no sólo propugnaba la renovación de las letras panameñas, la búsqueda de nuevas formas literarias. A Sinán le interesaban las nuevas fórmulas que hicieran la convivencia social más armoniosa, las relaciones económicas más justas, la vida de los panameños más feliz.
Al celebrarse esta semana el primer centenario del nacimiento de Rogelio Sinán, deseo compartir con la ciudadanía mi profunda adhesión a todos los actos conmemorativos. Las manifestaciones de homenaje a Rogelio Sinán son demostración de que la muerte ineluctable de éste, figura cumbre de las letras panameñas, no le arrebató el natural derecho al recuerdo imperecedero y a la fama en el ámbito de la posteridad. Sinán triunfo sobre el olvido, porque vive en la identidad nacional de Panamá. Su obra se fundió con la conciencia del pueblo y está integrada a la memoria eterna de la patria.
El autor de Guerrilleros de la Novela, como bolivariano que es, sigue los pasos del Buen Ciudadano, tal como Bolívar prefirió ser recordado. Bolívar era un apasionado lector y sin tener una educación universitaria llegó a ser el hombre más culto de su época y el primer crítico literario de la América Latina.
“Tres versiones del Rey Lear” y otros estudios literarios inician un fantástico periplo por los exóticos mares de la literatura. Desde la antigüedad greco-latina con el poeta Homero y el historiador Tito Livio desarrolla una observación minuciosa en su aventura crítica en torno a doce autores y sus obras.
Es una navegación intuitiva, psíquica, irreverente, tal como la que hizo Ulises, pero en esta ocasión, Mario Castro Arenas busca esas relaciones subyacentes, a veces paradójicas, otras disidentes, y muchas otras con la coincidencia de tener un origen común.
Sus fuentes documentales son extraordinarias y sus oportunas citas constituyen un breviario de la literatura universal. La obra confirma lo que tanto Jorge Luis Borges como otros escritores sustentan: que la literatura es un proceso aluvional, que todos somos autores de esa gran obra colectiva tal como lo es la Humanidad. Que la literatura son siglos, ansiedades, símbolos, audacias y vivencias. Un escritor son muchos otros, un libro la síntesis de muchas épicas y de incontables utopías.
Para Castro Arenas, la lectura tanto es arte como ciencia y un íntimo sendero mayeútico. Y así como el novelista egipcio Naguib Mahfouz es un cirujano de almas, Mario incisivamente y con agudeza académica, devela en los textos literarios sus raíces telúricas, establece sutiles analogías y elabora como hábil geógrafo un delta con sus ramificaciones esenciales.
Aborda sus estudios literarios con prosa precisa y depurada, libre de retórica. Su elocuente estilo es relevante ya que su posición purista la complementa con significativos enfoques sociológicos, políticos, filosóficos y estéticos. Lo que ocurre es que Mario Castro Arenas es un humanista y ante la disyuntiva de elegir las profesiones adecuadas, actúa igual que Diderot: es feliz con el estudio, investigación y análisis del haber bibliográfico.
En sus ensayos son notables las relaciones que establece entre distintos libros pues él se identifica con Paul Valery cuando nos dice que “toda obra es de muchas otras”. Asimismo nos impactan sus luminosas analogías cuando descubre los sentidos múltiples que se entrecruzan entre distintas composiciones literarias. Así aprendemos de las distintas perspectivas del Rey Lear como las de Shakespeare, Balzac y Alfonso el Sabio cuando profundiza en el personaje y su entorno cultural. Nos llamó la atención su mordaz alusión a la Sociedad de los diez mil cuando Balzac en su narración de Papá Goriot a través de uno de sus protagonistas comenta: La sociedad de los diez mil es una asociación de ladrones de alto copete, individuos que trabajan en gran escala y no se meten en ningún negocio en el que ganen menos de diez mil francos. Asimismo, al reflexionar sobre la novela dialogada son sorprendentes las imágenes que dibuja de La Lozana andaluza, El sobrino de Rameau y de Conversaciones en la Catedral. Allí están los antecedentes de la técnica del lenguaje coloquial, tan popular en la narrativa contemporánea. Nos encantó el perfil humano y filosófico del enciclopedista Diderot, la visión cósmica de Ulises en la Odisea y su aproximación al poeta de Las Flores del Mal, Charles Baudelaire.
Y es que Mario Castro Arenas hace una lectura integral, lo abarca todo sin fragmentaciones. Intuye la fuerza real de la escritura, los sentidos ocultos, los tonos y matices insospechados.
El Círculo de Lectura de la USMA los invita a compartir con sus amistades las Tres versiones del Rey Lear y otros estudios literarios, de manera especial la recomendamos a los políticos, filósofos, historiadores, psicólogos y profesores de literatura, pero sobre todo a los que desean tener una sólida cultura literaria pues cada lectura da vida a los personajes y sus dramas, así como también genera la potencia genética para crear libros como éste.
Lo mismo hizo Sinán en su participación, -que la tuvo- en la vida política del país. Sinán no sólo propugnaba la renovación de las letras panameñas, la búsqueda de nuevas formas literarias. A Sinán le interesaban las nuevas fórmulas que hicieran la convivencia social más armoniosa, las relaciones económicas más justas, la vida de los panameños más feliz.
Al celebrarse esta semana el primer centenario del nacimiento de Rogelio Sinán, deseo compartir con la ciudadanía mi profunda adhesión a todos los actos conmemorativos. Las manifestaciones de homenaje a Rogelio Sinán son demostración de que la muerte ineluctable de éste, figura cumbre de las letras panameñas, no le arrebató el natural derecho al recuerdo imperecedero y a la fama en el ámbito de la posteridad. Sinán triunfo sobre el olvido, porque vive en la identidad nacional de Panamá. Su obra se fundió con la conciencia del pueblo y está integrada a la memoria eterna de la patria.