Martín Torrijos, alto y claro
El Presidente de la República, aún no ve terminado su mandato, y ya hay un movimiento de oportunistas, tanto del nuevo gobierno, pero la mayoría de adentro de su propio partido; que pretenden cocinarlo en una olla vivo, hacerlo responsable de todos los problemas que ha tenido la República más allá de los cien años de vida republicana, ya que les viene al pelo utilizarlo como chivo expiatorio cuya supuesta falta de capacidad y de interés por resolver los problemas del país, explica casi todo lo que nos sucede. Como decían los romanos, en otro momento y en otras latitudes, denle al pueblo pan y circo, que con eso lo entretenemos suficiente.
La campaña de desprestigio comienza por desprestigiarnos a los independientes a quienes nos honró y nos sigue honrando haber apoyado su propuesta electoral, y haber participado de la mayoría de sus realizaciones, sin haber pedido ni recibido nunca nada a cambio.
Incluye ese cúmulo de realizaciones: la reforma constitucional, la reforma tributaria, la reforma que salvó de la quiebra a la Caja de Seguro Social y a todo el sistema financiero instalado en la República; las reformas en materia ambiental, aunque haya todavía mucho que censurar en esta materia; a las reformas en el tratamiento y legislación de discapacitados, a la reforma en la legislación que regula a ACODECO, en la legislación bancaria, entre otras cosas, para proteger al pequeño ahorrista; a la construcción de la autopista Panamá–Colón, a la construcción de la Cinta Costera, a la ampliación a dos vías de algunas de las partes de la carretera interamericana, al desarrollo del programa compita, al desarrollo de la red de oportunidades; y a un largo etcétera de realizaciones que hoy nadie quiere reconocer, porque es preferible convertirlo en el chivo expiatorio de todos los males que tiene la República.
Sobre su partido político, como yo no soy miembro del PRD, no entraré en el terreno partidario, en el que estoy seguro que el señor Presidente de la República, sabrá defenderse solo. Lo que sí me consta es que como decía Himmler, una mentira repetida mil veces puede convertirse en verdad.
Y, primero, no es cierto que la candidata preferida por el señor Presidente de la República dentro del partido fuese la presidenta del mismo, sino todo lo contrario, el alcalde capitalino. Por lo tanto, mal se puede hablar de una traición que nunca existió. Y, segundo, tampoco es cierto que el Presidente de la República le dio la espalda a la candidata de su partido, una vez se tuvo que enfrentar a la poderosa maquinaria opositora. Sí es cierto que le molestó que no consultaran con él, previamente, la designación del candidato a la vice presidencia, como le hubiera disgustado a cualquier secretario general de un partido político que se precie de tal.
¿Qué conclusiones se sacarán a lo interno del partido por el reconocimiento de esta derrota, en quiénes recae todo el peso de la responsabilidad, que son los candidatos y la maquinaria electoral? Ese es un asunto interno que solamente los perredistas pueden responder.