Martín Torrijos: su primer año como Presidente
EL JUEVES 1 de septiembre cumple el Presidente Martín Torrijos su primer año en la Presidencia. Aunque no podemos evaluarlo definitivamente sobre una quinta parte de su período presidencial, podemos intentar una evaluación inicial y tentativa.
La primera contribución del presidente al país consiste en su talante como gobernante. No pretende ser un caudillo gobernante que se impone por su personalidad apabullante, su carisma misterioso o su fuerza impositiva. Es un hombre tranquilo, trabajador, más bien reservado, sin pretensiones de grandeza egocéntrica, pero con un sentido agudo de su dignidad como ser humano y de su responsabilidad por las funciones y prerrogativas constitucionales y legales que le incumben como Presidente de la República.
En nuestra historia hemos tenido caudillos gobernantes que intentaron transformar nuestro país, para lo cual quisieron prolongar su presidencia de una manera u otra, sin que siempre se preocuparan por los limites que todas nuestras constituciones democráticas le han impuesto sabiamente al Presidente. Estos caudillos gobernantes pueden haber realizado obras significativas, pero dejaron al pueblo tan adolescente como lo encontraron. No contribuyeron a su madurez, porque en buena medida se sustituyeron a él en casi todas las decisiones nacionales. En el sentido original del término fueron o trataron de ser "demagogos" es decir "guías del pueblo", pero en el mismo sentido que se habla de "pedagogo" es decir "guía del niño". El "demagogo" trata el pueblo como un niño no como un adulto.
Martín Torrijos ni ha sido ni pretende ser un presidente "demagogo". Ha tratado no de improvisar a su antojo, como si fuera omnipotente, sino de cumplir con el programa de gobierno que él y los partidos que lo apoyaron, el PRD y el Partido Popular, presentaron en la campaña electoral. Ha comenzado por cambios progresivos y sensatos a la Constitución, luego por la derogación de la reglamentación de la Ley de Transparencia, a través de la cual el gobierno anterior quiso evitar tener que cumplir con dicha Ley y que se conocieran sus innumerable fechorías, seguida por la reforma del Código Fiscal, para comenzar a hacerlo más equitativo, y ahora se ocupa de una reforma del sistema de seguridad social para evitar su hundimiento.
Aunque un Presidente no puede sustituirse al Ministerio Público ni al Organo Judicial en investigar o sancionar los casos de corrupción, puede sin embargo crear un ambiente favorable o desfavorable a lucha contra la corrupción. El encarcelamiento del ex- gerente del Banco Nacional y el pago del ex - Ministro de Economía y Finanzas de un cuarto de millón de dólares por evasión de impuestos, así como diversas demandas ante las autoridades judiciales o ante la opinión pública por la corrupción generalizada que se dio en el desastroso gobierno de la Presidenta Moscoso, establecieron un nuevo factor en la vida política de Panama, a saber exigirle cuentas a los gobernantes salientes. En las dos transiciones democráticas previas no se dio una labor de adecentamiento semejante al que se está realizando ahora desde el inicio del gobierno. Como resultado la corrupción fue en aumento hasta que la opinión pública llegó al convencimiento que la misma alcanzaba hasta las más altas esferas del Estado. El Presidente Martín Torrijos es el presidente que mejor ambiente ha creado hasta ahora en este sentido.
En su discurso con ocasión de la apertura, el 1 de marzo, de la segunda legislatura, el Presidente destacó una razón de peso como explicación del ritmo de su gestión presidencial que algunos comentaristas han juzgado relativamente lento: "Durante estos primeros seis meses de mi gobierno hemos tenido que enfrentar a situaciones más complicadas que las que habíamos anticipado previo a nuestra toma de posesión. Esto no nos ha desanimado. Por lo contrario, ha hecho que empeñemos más esfuerzo, trabajo y dedicación en nuestro compromiso de procurar bienestar para todos los panameños."
En todos estos asuntos, especialmente en la reforma del seguro social, aunque cuenta con una mayoría legislativa, que le permitiría lograr aprobaciones legislativas de manera expedita, el Presidente ha consultado con las principales organizaciones de la sociedad civil y ha aceptado que éstas propongan alternativas. Ha preferido intentar la vía de la negociación en vez de adoptar la vía de la imposición, siempre y cuando se concluya con una propuesta de solución razonable, que dure, por lo menos, una generación, y no consista en una mera posposición de una solución al problema. Y el uso de la Fuerza Pública ha sido cauteloso, aún cuando la provocación ha sido a veces muy irresponsable.
Ninguna obra humana es perfecta y por ello ninguna gestión presidencial está exenta de debilidades y aún de fallas. Cuando un Presidente acepta modificar un aspecto de una propuesta que él ha formulado, incluso de alguna medida que ya ha tomado, se escuchan críticas en el sentido de que ha demostrado incertidumbre en el rumbo que quiere imprimirle al país o peor aún que aunque sabe lo que debe hacer no se atreve a hacerlo. En realidad bien puede ser que la discusión pública, al enriquecer el conocimiento que todos los participantes tienen del asunto del que se trata, revele que conviene hacer correcciones, ya sea adiciones o sustracciones, a la propuesta formulada originalmente. Hacer estas correcciones requiere un enorme coraje por parte del Presidente para enfrentar su propio ego y el de sus copartidarios y allegados.
Con toda razón el Presidente ha advertido que si él está dispuesto acoger lo que surja por consenso de las mesas de diálogo, él no está dispuesto a usar el diálogo como excusa para desvirtuar los compromisos claros que adquirió con el pueblo y con este fin postergar las decisiones indefinidamente. Por ejemplo, si del diálogo que está en curso no resulta una propuesta que pueda mantener la Caja de Seguro Social sana y salva por un tiempo significativo, por ejemplo por una generación, como Presidente con una mayoría legislativa tomará las decisiones que sean necesarias para evitar la catástrofe que sería su quiebra. En repetidas oportunidades, el Presidente, ha enfatizado que para resolver un problema no es suficiente la acción del gobierno, pues se requiere también generalmente el concurso de la sociedad civil. Él supone una sociedad civil adulta, no infantil, que no se limita a reclamar beneficios, sino que está dispuesta a colaborar para lograrlos.
Por su parte, él afirmó en su discurso ante la Asamblea Nacional: "Soy de los que creen que los gobernantes deben rendir, periódicamente, cuenta de sus actos, ante las autoridades y el país.. Fui elegido no para que rehuyera los problemas, ni para que los enfrentara con timidez, ni para que dejara el tiempo pensando que se arreglan solos". Improvisando añadió: "Me dicen que la solución de algunos problemas tiene un costo político. Si es necesario lo pagaré, pero no dejaré de intentar resolverlos". Si el Presidente sigue esta línea de acción, su gestión no sólo será buena, sino que podrá ser excelente.
(ariyan@sinfo.net)
La primera contribución del presidente al país consiste en su talante como gobernante. No pretende ser un caudillo gobernante que se impone por su personalidad apabullante, su carisma misterioso o su fuerza impositiva. Es un hombre tranquilo, trabajador, más bien reservado, sin pretensiones de grandeza egocéntrica, pero con un sentido agudo de su dignidad como ser humano y de su responsabilidad por las funciones y prerrogativas constitucionales y legales que le incumben como Presidente de la República.
En nuestra historia hemos tenido caudillos gobernantes que intentaron transformar nuestro país, para lo cual quisieron prolongar su presidencia de una manera u otra, sin que siempre se preocuparan por los limites que todas nuestras constituciones democráticas le han impuesto sabiamente al Presidente. Estos caudillos gobernantes pueden haber realizado obras significativas, pero dejaron al pueblo tan adolescente como lo encontraron. No contribuyeron a su madurez, porque en buena medida se sustituyeron a él en casi todas las decisiones nacionales. En el sentido original del término fueron o trataron de ser "demagogos" es decir "guías del pueblo", pero en el mismo sentido que se habla de "pedagogo" es decir "guía del niño". El "demagogo" trata el pueblo como un niño no como un adulto.
Martín Torrijos ni ha sido ni pretende ser un presidente "demagogo". Ha tratado no de improvisar a su antojo, como si fuera omnipotente, sino de cumplir con el programa de gobierno que él y los partidos que lo apoyaron, el PRD y el Partido Popular, presentaron en la campaña electoral. Ha comenzado por cambios progresivos y sensatos a la Constitución, luego por la derogación de la reglamentación de la Ley de Transparencia, a través de la cual el gobierno anterior quiso evitar tener que cumplir con dicha Ley y que se conocieran sus innumerable fechorías, seguida por la reforma del Código Fiscal, para comenzar a hacerlo más equitativo, y ahora se ocupa de una reforma del sistema de seguridad social para evitar su hundimiento.
Aunque un Presidente no puede sustituirse al Ministerio Público ni al Organo Judicial en investigar o sancionar los casos de corrupción, puede sin embargo crear un ambiente favorable o desfavorable a lucha contra la corrupción. El encarcelamiento del ex- gerente del Banco Nacional y el pago del ex - Ministro de Economía y Finanzas de un cuarto de millón de dólares por evasión de impuestos, así como diversas demandas ante las autoridades judiciales o ante la opinión pública por la corrupción generalizada que se dio en el desastroso gobierno de la Presidenta Moscoso, establecieron un nuevo factor en la vida política de Panama, a saber exigirle cuentas a los gobernantes salientes. En las dos transiciones democráticas previas no se dio una labor de adecentamiento semejante al que se está realizando ahora desde el inicio del gobierno. Como resultado la corrupción fue en aumento hasta que la opinión pública llegó al convencimiento que la misma alcanzaba hasta las más altas esferas del Estado. El Presidente Martín Torrijos es el presidente que mejor ambiente ha creado hasta ahora en este sentido.
En su discurso con ocasión de la apertura, el 1 de marzo, de la segunda legislatura, el Presidente destacó una razón de peso como explicación del ritmo de su gestión presidencial que algunos comentaristas han juzgado relativamente lento: "Durante estos primeros seis meses de mi gobierno hemos tenido que enfrentar a situaciones más complicadas que las que habíamos anticipado previo a nuestra toma de posesión. Esto no nos ha desanimado. Por lo contrario, ha hecho que empeñemos más esfuerzo, trabajo y dedicación en nuestro compromiso de procurar bienestar para todos los panameños."
En todos estos asuntos, especialmente en la reforma del seguro social, aunque cuenta con una mayoría legislativa, que le permitiría lograr aprobaciones legislativas de manera expedita, el Presidente ha consultado con las principales organizaciones de la sociedad civil y ha aceptado que éstas propongan alternativas. Ha preferido intentar la vía de la negociación en vez de adoptar la vía de la imposición, siempre y cuando se concluya con una propuesta de solución razonable, que dure, por lo menos, una generación, y no consista en una mera posposición de una solución al problema. Y el uso de la Fuerza Pública ha sido cauteloso, aún cuando la provocación ha sido a veces muy irresponsable.
Ninguna obra humana es perfecta y por ello ninguna gestión presidencial está exenta de debilidades y aún de fallas. Cuando un Presidente acepta modificar un aspecto de una propuesta que él ha formulado, incluso de alguna medida que ya ha tomado, se escuchan críticas en el sentido de que ha demostrado incertidumbre en el rumbo que quiere imprimirle al país o peor aún que aunque sabe lo que debe hacer no se atreve a hacerlo. En realidad bien puede ser que la discusión pública, al enriquecer el conocimiento que todos los participantes tienen del asunto del que se trata, revele que conviene hacer correcciones, ya sea adiciones o sustracciones, a la propuesta formulada originalmente. Hacer estas correcciones requiere un enorme coraje por parte del Presidente para enfrentar su propio ego y el de sus copartidarios y allegados.
Con toda razón el Presidente ha advertido que si él está dispuesto acoger lo que surja por consenso de las mesas de diálogo, él no está dispuesto a usar el diálogo como excusa para desvirtuar los compromisos claros que adquirió con el pueblo y con este fin postergar las decisiones indefinidamente. Por ejemplo, si del diálogo que está en curso no resulta una propuesta que pueda mantener la Caja de Seguro Social sana y salva por un tiempo significativo, por ejemplo por una generación, como Presidente con una mayoría legislativa tomará las decisiones que sean necesarias para evitar la catástrofe que sería su quiebra. En repetidas oportunidades, el Presidente, ha enfatizado que para resolver un problema no es suficiente la acción del gobierno, pues se requiere también generalmente el concurso de la sociedad civil. Él supone una sociedad civil adulta, no infantil, que no se limita a reclamar beneficios, sino que está dispuesta a colaborar para lograrlos.
Por su parte, él afirmó en su discurso ante la Asamblea Nacional: "Soy de los que creen que los gobernantes deben rendir, periódicamente, cuenta de sus actos, ante las autoridades y el país.. Fui elegido no para que rehuyera los problemas, ni para que los enfrentara con timidez, ni para que dejara el tiempo pensando que se arreglan solos". Improvisando añadió: "Me dicen que la solución de algunos problemas tiene un costo político. Si es necesario lo pagaré, pero no dejaré de intentar resolverlos". Si el Presidente sigue esta línea de acción, su gestión no sólo será buena, sino que podrá ser excelente.
(ariyan@sinfo.net)