Martín y Darién
Desde febrero de 2000, Martín Torrijos ha atendido invitación de productores agropecuarios darienitas y aprovecha la oportunidad para recorrer diversas comunidades de Darién. ¿Por qué me ocupo, en esta oportunidad, de Martín Torrijos y Darién? Primero, porque soy de los panameños que, como muchos otros, consideramos que el problema mayor del país "está en Darién" (ver en la página de opinión de El Panamá América el artículo: "Lo que arriesgamos en Darién", 4/02/2003). En segundo lugar, Martín Torrijos es una alternativa real de gobierno y podemos presentarle nuestros puntos de vista sobre el principal problema panameño: la situación de Darién. Dicha provincia presenta, en la actualidad, indicadores socioeconómicos muy bajos que contribuyen a que la esperanza de vida al nacer en esa región sea de 64.6 años, y en la Comarca Emberá Wounaan de 58.9 años; mientras que a nivel de todo el país es de 73.9.
En el 2000, el analfabetismo representaba en Darién 21.2% y en la comarca Emberá Wounaan 34.5%. A nivel de todo el país era 7.6%. Además, todo parece indicar que el año pasado en esta provincia se dio el porcentaje más alto en deserción escolar.
Los dilemas no solucionados en Darién tienden a producir un acentuado problema de desempleo y subempleo rural (Darién es rural en más del 90%) y bajísimos ingresos. Así tenemos que en el año 2000, el ingreso promedio anual por persona en balboas, a precios corrientes, en la provincia era de B/.937.00, es decir, el 39.29% del ingreso nacional del país.
En la comarca Emberá Wounaan, la situación era mucho más dramática; ya que tal ingreso alcanzó B/.413.00 lo que representó el 17.37% del promedio existente en el país (Informe Nacional de Desarrollo Humano Panamá 2000). A esta crítica situación socioeconómica se agrega, hoy, el desborde de la guerra civil colombiana que viene a afectar a nuestro país de diversas formas.
Hay que agregar otras situaciones que podríamos llamar de carácter endógeno, como la destrucción de los recursos naturales, por ejemplo, el despilfarro de la explotación maderera y su secuela; el tratamiento inadecuado, por parte de las autoridades respectivas, del problema de la tenencia de tierra ante las justas expectativas de las etnias actualmente existentes en Darién. Pareciera pretenderse una "lucha de pobres contra pobres" que semejan hechos pasados como el alzamiento indígena denominado Rebelión de los Bugue-Bugue, o el alzamiento del mestizo García y, más recientemente, la Guerra del Chucunaque entre indios y caucheros. Esta es, a grandes rasgos, la situación de la histórica región de Darién a principios del siglo XXI.
Pero como la actitud no es la de realizar meros inventarios de agravios, un grupo de 16 darienitas se reunieron, en jornadas sabatinas, el pasado mes de marzo, para proponer alternativas de soluciones. Así surgieron unas catorce propuestas que tienen que ver con la solución de los problemas más apremiantes de Darién. Dentro de las propuestas se destacan las que tienen que ver con el sector agropecuario, seguridad alimentaria y problema de la tierra. En este tema, en lo relativo a la tenencia de la tierra, se insistió en que se adopten figuras de adjudicación de terreno que satisfagan las expectativas de las distintas etnias. Se consideraron las adjudicaciones de títulos gratuitos (individuales o colectivos), las parcelaciones y la tradicional expedición de títulos onerosos, utilizándose, en los distintos casos, modernas técnicas de adjudicación de tierra.
Las áreas protegidas (que representan más del 40% de la región) deben mantenerse, pero incorporándolas en forma dinámica y creativa al desarrollo darienita. Las mismas no deben ser muestrarios donde habiten personas marginadas.
Otro aspecto significativo es el lograr la existencia de un verdadero gran plan de desarrollo sostenible de Darién, que a diferencia de todos los anteriores, desarrolle entre sus componentes el concepto de seguridad integral conforme a los Fundamentos de la Política Panameña de Seguridad. La sede de este plan, así como el de cualquier otro, debe ubicarse en Darién y no, como en la actualidad, en la ciudad de Panamá.
Se priorizan, dentro de las catorce propuestas, la realización de infraestructuras para el desarrollo e integración de Darién, como lo son la terminación definitiva del asfaltado de los 183 kilómetros de la carretera Panamericana comprendida entre Puente Bayano y Yaviza (estos trabajos sufren inexplicable demora); construcción de una planta potabilizadora, así como un hospital regional de segundo nivel, al igual que la construcción de carreteras internas que beneficien la parte sur de la provincia darienita.
Sobre el candente tema de la seguridad de los 266 kilómetros, en proyección horizontal, de la frontera con Colombia debe efectivamente destinarse los recursos en forma planificada, que desarrollen una mejor seguridad de nuestra frontera oriental. Igualmente, el Gobierno Nacional no debe llegar a acuerdos que incrementen los riesgos en el área fronteriza con Colombia. Debe exigírsele al gobierno de este vecino país, actuaciones que eviten la presencia de irregulares colombianos en nuestro territorio e, igualmente, se debe impedir la presencia de ejércitos extranjeros en nuestro territorio.
Se abordan, además, en las recomendaciones en mención, las relativas a la educación, salud, generación de empleo e ingresos, recreación, deporte y cultura; vivienda; comarcas indígenas; fortalecimiento institucional. En forma aparte se trata el fortalecimiento efectivo de los gobiernos municipales, juntas comunales y locales, y el tema de los desplazados colombianos.
En el 2000, el analfabetismo representaba en Darién 21.2% y en la comarca Emberá Wounaan 34.5%. A nivel de todo el país era 7.6%. Además, todo parece indicar que el año pasado en esta provincia se dio el porcentaje más alto en deserción escolar.
Los dilemas no solucionados en Darién tienden a producir un acentuado problema de desempleo y subempleo rural (Darién es rural en más del 90%) y bajísimos ingresos. Así tenemos que en el año 2000, el ingreso promedio anual por persona en balboas, a precios corrientes, en la provincia era de B/.937.00, es decir, el 39.29% del ingreso nacional del país.
En la comarca Emberá Wounaan, la situación era mucho más dramática; ya que tal ingreso alcanzó B/.413.00 lo que representó el 17.37% del promedio existente en el país (Informe Nacional de Desarrollo Humano Panamá 2000). A esta crítica situación socioeconómica se agrega, hoy, el desborde de la guerra civil colombiana que viene a afectar a nuestro país de diversas formas.
Hay que agregar otras situaciones que podríamos llamar de carácter endógeno, como la destrucción de los recursos naturales, por ejemplo, el despilfarro de la explotación maderera y su secuela; el tratamiento inadecuado, por parte de las autoridades respectivas, del problema de la tenencia de tierra ante las justas expectativas de las etnias actualmente existentes en Darién. Pareciera pretenderse una "lucha de pobres contra pobres" que semejan hechos pasados como el alzamiento indígena denominado Rebelión de los Bugue-Bugue, o el alzamiento del mestizo García y, más recientemente, la Guerra del Chucunaque entre indios y caucheros. Esta es, a grandes rasgos, la situación de la histórica región de Darién a principios del siglo XXI.
Pero como la actitud no es la de realizar meros inventarios de agravios, un grupo de 16 darienitas se reunieron, en jornadas sabatinas, el pasado mes de marzo, para proponer alternativas de soluciones. Así surgieron unas catorce propuestas que tienen que ver con la solución de los problemas más apremiantes de Darién. Dentro de las propuestas se destacan las que tienen que ver con el sector agropecuario, seguridad alimentaria y problema de la tierra. En este tema, en lo relativo a la tenencia de la tierra, se insistió en que se adopten figuras de adjudicación de terreno que satisfagan las expectativas de las distintas etnias. Se consideraron las adjudicaciones de títulos gratuitos (individuales o colectivos), las parcelaciones y la tradicional expedición de títulos onerosos, utilizándose, en los distintos casos, modernas técnicas de adjudicación de tierra.
Las áreas protegidas (que representan más del 40% de la región) deben mantenerse, pero incorporándolas en forma dinámica y creativa al desarrollo darienita. Las mismas no deben ser muestrarios donde habiten personas marginadas.
Otro aspecto significativo es el lograr la existencia de un verdadero gran plan de desarrollo sostenible de Darién, que a diferencia de todos los anteriores, desarrolle entre sus componentes el concepto de seguridad integral conforme a los Fundamentos de la Política Panameña de Seguridad. La sede de este plan, así como el de cualquier otro, debe ubicarse en Darién y no, como en la actualidad, en la ciudad de Panamá.
Se priorizan, dentro de las catorce propuestas, la realización de infraestructuras para el desarrollo e integración de Darién, como lo son la terminación definitiva del asfaltado de los 183 kilómetros de la carretera Panamericana comprendida entre Puente Bayano y Yaviza (estos trabajos sufren inexplicable demora); construcción de una planta potabilizadora, así como un hospital regional de segundo nivel, al igual que la construcción de carreteras internas que beneficien la parte sur de la provincia darienita.
Sobre el candente tema de la seguridad de los 266 kilómetros, en proyección horizontal, de la frontera con Colombia debe efectivamente destinarse los recursos en forma planificada, que desarrollen una mejor seguridad de nuestra frontera oriental. Igualmente, el Gobierno Nacional no debe llegar a acuerdos que incrementen los riesgos en el área fronteriza con Colombia. Debe exigírsele al gobierno de este vecino país, actuaciones que eviten la presencia de irregulares colombianos en nuestro territorio e, igualmente, se debe impedir la presencia de ejércitos extranjeros en nuestro territorio.
Se abordan, además, en las recomendaciones en mención, las relativas a la educación, salud, generación de empleo e ingresos, recreación, deporte y cultura; vivienda; comarcas indígenas; fortalecimiento institucional. En forma aparte se trata el fortalecimiento efectivo de los gobiernos municipales, juntas comunales y locales, y el tema de los desplazados colombianos.