Martinelli extrañará el Parlacen
El encabezado de este artículo es un vaticinio que hago. Y es que el presidente Martinelli, una vez finalice su mandato, puede ser víctima de una persecución injusta, pero feroz. Me correspondió estar en la ciudad de Antigua, Guatemala, entre el 14 y 17 de junio de 1990, acompañando al Presidente Guillermo Endara Galimany. Panamá acudía como invitado especial a una cumbre centroamericana. Se podría decir que el viaje era una extensión de la luna de miel del Mandatario. Recuerden que el 10 de junio se casó con Ana Mae Díaz.
El Parlamento Centroamericano nace como parte de los distintos esfuerzos encaminados a lograr la paz en la región y a buscar negociaciones colectivas con los países del primer mundo. Recuerdo la iniciativa de Contadora planteada por autoridades panameñas en enero de 1983, para acabar con el derramamiento de sangre en la región. Es la primera vez que la comunidad europea daba su respaldo a los procesos pacificadores de la región.
El grupo Contadora, liderado por Panamá, también lo integraba Colombia, México y Venezuela. Fueron cuatro los propósitos de este movimiento, a saber: autodeterminación, no intervención, desmilitarización y democratización. En fecha posterior los ministros de relaciones exteriores, de Argentina, Uruguay, Brasil y Perú suscriben la Declaración de Lima que da origen al Grupo de Apoyo a Contadora. A estas dos instancias latinoamericanas se suma el respaldo de la Unión Europea, y es en este esfuerzo conjunto, en el que Centroamérica retoma el camino de la paz y la democracia y que marcó el proceso de Esquipulas.
En 1990, en Antigua, Guatemala, también se habló de la necesidad de proteger a quienes habían ostentado los cargos de presidente y vice presidente con una especie de fuero. La intención no era mala al juzgar los argumentos. Una persona en función de jefe de Estado deberá propiciar la aplicación de la ley con toda rigurosidad sin importar color, sexo, filiación política, idea religiosa o posición económica. Reconozco que en algunos casos, el gobierno que reemplaza al anterior provoca las famosas cacerías de brujas; inventa expedientes y persigue a los ex funcionarios. De allí nace la inmunidad que les otorga el Parlacen a los ex presidentes y ex vicepresidentes.
Ello no implica la ausencia de procesos judiciales en contra de aquellos a quienes se les comprueban fechorías. Para ello el mismo Parlacen ofrece los mecanismos de desafuero. Sostengo que los creadores de esta instancia actuaron con principios claros, justos, democráticos. Su intención era acabar con esas barreras que dividen a los centroamericanos. Es lamentable la cantidad de trabas que les ponen a las personas que se trasladan de un territorio pequeño a otro. Observen el ejemplo de Europa. Con solo entrar a uno de sus países, usted puede transitar con libertad en el resto de esas naciones.
Martinelli está llevando al cadalso a los que en calidad de gobernantes abusaron de los recursos de los contribuyentes; está poniendo en cintura a empresarios que en contubernio se adueñaron de tierras y concesiones, sacrificando al pueblo. Cuando finalice su mandato las nuevas autoridades podrían, en venganza o pase de factura, iniciar una persecución contra él y contra todos los que tuvieron destacada participación en su gobierno. Por eso afirmo que será en ese momento cuando comprenderá la importancia del Parlamento Centroamericano.
Al finalizar la cumbre de Antigua, en 1990, escuché al fogoso vicepresidente de Guatemala, Roberto Carpio Nicole expresar: “¡nací guatemalteco pero quiero morir centroamericano!”
*El autor fue secretario de Prensa de la Presidencia de la República.
rehernandez19@gmail.com