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Martinelli, política y derecho


Galopan los vientos de la democracia en sinsabores de inviernos gélidos. Unos que se encuentran montados en corceles de avivamientos populares y otros que se sienten poderosos poseidones y dueños de amplios océanos. Turbulentas corrientes de inéditas acciones nos impresionan a diario y parroquianos por doquier nos consultan, unos mojigatos y otros avispados, en torno al acontecer político nacional.

En todo caso, las preguntas se circunscriben a saber si el señor Presidente Martinelli está haciendo las cosas bien o mal; si está respetando o no el debido proceso, los procedimientos legales, los litigios jurídicos existentes, en fin. Aunque prematuras muchas preocupaciones, analizo.

Hemos respondido, de modo constante, que simple y sencillamente, estamos viendo a un Presidente poco usual en sus acciones y comportamientos; a un gobernante de mucho calor y respaldo popular; de un mandatario que se ha salido del marco común y tradicional de las actuaciones de un Presidente que ocupa la más alta magistratura del Estado.

Siempre hemos imaginado al Presidente como una figura política que si no está inaugurando obras sociales o privadas, lo veremos en su lujoso despacho en el Palacio de Las Garzas, bien vestido con un saco de Chanel o Gianni Versace. Martin Torrijos se arremangaba la camisa y salía a caminar por humildes vías de nuestro pueblo; Mireya Mocoso se ponía unos pantalones de color “caqui” y ensombrerada hacía lo mismo. Martinelli sigue vistiendo igual de sencillo como siempre se le ha conocido. Se trata de un auténtico populismo de derecha que ha sostenido “desafiar el péndulo ideológico latinoamericano”.

Las cosas con el señor Martinelli han dado un giro. El, en persona, ha ido a realizar las acciones. Bien pudo delegar en funcionarios de menor jerarquía, ni siquiera en un Ministro. Pero, aunque a muchos no agrade ver al Presidente de la República como un Corregidor Mayor o un Comisario de mucho fuste, lo cierto de todo es que el pueblo panameño, el pueblo del bus y el peatón de las aceras y calles de todo Panamá, están muy contentos.

Simplemente cogitan entre una u otra razón: “ha hecho justicia”, “ya era hora que alguien actuara”, “qué bueno que alguien se atrevió a parar a…”; “Martinelli está poniendo la casa en orden”, etc.

Lo cierto de todo es que el estado de cosas pareciera indicar que las actuaciones del señor Presidente se enmarcan en un cierto contexto jurídico que le ha permitido actuar de tal o cual manera frente al caso de las concesiones marinas de Amador –salus populis suprema lex est-la salvación del pueblo suprema ley es”, - y en donde, sin duda alguna, nunca he estado de acuerdo ni estaré en que consorcios privados se tomen nuestros mares para luego hacer rellenos que luego serán usados dizque para desarrollar “complejos turísticos”.

A pesar de lo anterior, somos del criterio que unos cuantos días de trabajo del nuevo gobierno, nos impiden emitir juicios de valor de caras a sus actuaciones. Aun falta mucho camino que recorrer y la propuesta del cambio podrá aquilatar que más que un desiderátum o quimera, el cambio se convertiría en realidad, pero respetando siempre, como conditio sine qua non, el Estado de Derecho, indispensable para la subsistencia de las democracias en América

101 años de Panamá América

 
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