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Martinelli y la institucionalidad


El presidente electo Ricardo Martinelli logró entusiasmar al 60% del electorado con su promesa de "cambio". En la mente de los electores seguramente "cambio" significó que se acabará con la corrupción y la piñata de los recursos públicos; que se terminará la inseguridad que azota a nuestra ciudadanía; que se tomarían decisiones sin consideraciones electoreras; y que el Estado funcionaría con eficiencia y eficacia.

Es consecuente con ese entendimiento que el "cambio" implicaría un fortalecimiento de las instituciones democráticas y de rendición de cuentas, y que se gobernaría con los mejores. Vemos con preocupación que el término "los mejores" parecía referirse a "los mejores amigos" y que no hay una clara comprensión del sistema democrático. Decimos esto porque, algunos voceros del gobierno entrante y su bancada legislativa parecen desconocer los principios republicanos de la separación de los poderes y no comprenden la diferencia entre una norma legal y una norma constitucional.

La propuesta de abolir la Defensoría del Pueblo -que si bien se hizo en boca de un diputado de la Alianza por el Cambio, no ha sido desautorizada por el Presidente Electo-, la incomprensión del régimen de Carrera Administrativa y la falta de compromiso con la descentralización del poder hacia los gobiernos locales, nos hacen preguntarnos si hay un compromiso con la institucionalidad o el tsunami electoral también barrerá con las instituciones democráticas.

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