Más allá de Seattle
La lectura política de la calificación de Standard & Poor ´s y de Duff & Phelps y la tumultuosa reunión de la OMC en Seattle debe emprenderse como resultado de una estrategia global de los países desarrollados.
Dentro de esa visión política general, la calificación de Standard & Poor ´ s responde a un plan económico que los países desarrollados han diseñado para pautar la política económica de los países emergentes , de acuerdo con la concepción neoliberal del desarrollo. Se podría decir que las empresas calificadoras cumplen el rol de agentes de policía del sistema económico liberal. Tocan el silbato cuando un país en vías de desarrollo infringe los mandamientos coercitivos del neoliberalismo : privatizar; bajar los aranceles de importación ; allanar el terreno de las inversiones extranjeras. En resumen, si no se acepta el decálogo completo , bajan las calificaciones y el país se convierte en un paria del sistema económico internacional .
Sin embargo , a los países desarrollados no se les toca el silbato cuando violan sus propios mandamientos. Pruebas al canto: los países miembros de la Unión Europea, se han negado en Seattle a abrir sus mercados de consumo a la exportación de productos agropecuarios.
Debemos entender que los países europeos defienden su producción agrícola porque la agricultura en el viejo continente es un modus vivendis, arraigado en las tradiciones culturales , y ,sobre todo, la base del empleo histórico. Los agricultores europeos forman grupos de presión muy fuertes que hacen temblar a los gobiernos. La Unión Europea atravesó períodos críticos cuando los agricultores franceses bloquearon a los camiones españoles que transportaban productos nacionales al mercado galo. Ante la desafiante competencia de los productos transgénicos norteamericanos, cultivados en laboratorios de alta tecnología genética , que levantan sospechas por su impacto en el organismo humano, la UE se ha puesto en guardia porque la invasión del supermaíz y la superlechuga podría desencadenar tragedias agrícolas.
¿Cuál es la calificación de esos países, según la tabla de valores de las calificadoras norteamericanas? Cualquiera que ella sea en la escala negativa , a la Unión Europea no le hacen mella las sanciones porque tiene su propio mercado de capitales y porque es autosuficiente en materia agrícola , a diferencia de la vulnerabilidad de los emergentes.
Los antecedentes comerciales indican que algunos países pontifican sobre desgravación arancelaria, pero practican un proteccionismo solapado. Así, por ejemplo, bajo presión de los productores locales de acero, Estados Unidos, desde hace años ,viene imponiendo aranceles severos a la exportación de barras de acero de Brasil y México. En los años duros del crac , Franklin D. Roosevelt creó subsidios a los agricultores en quiebra ,aplicando la filosofía proteccionista del New Deal. Años después , el Departamento de Agricultura de Estados Unidos engendró un sistema de cuotas para favorecer la producción azucarera de la Cuba prefidelista . La producción azucarera de los estados sureños bastaba para cubrir el mercado norteamericano. Pero se prefirió subsidiar a los productores de Louisiana, para que redujeran la producción, y de esa forma privilegiar el azúcar cubana.
Al iniciar las negociaciones de adhesión a la OMC, Panamá partía con una de las economías más protegidas de la región y los aranceles promedio más altos. Como precondición para obtener la adhesión nacional y bajar los aranceles , se nos ilusionó con la ampliación de exportaciones tradicionales y la entrada a nuevos mercados.
El despertar ha sido brutal. No gozamos el paraíso prometido y se favorecieron las exportaciones extranjeras , a expensas de la producción agropecuaria nacional. Por contraste, las principales exportaciones panameñas están por los suelos. .
¿Qué debe hacer Panamá si se nos amenaza con privarnos de inversiones extranjeras por el uso de recursos públicos en obras sociales ? ¿Cómo defendernos del doble ataque del descrédito financiero y las inaccesibles barreras comerciales? ¿Vamos a cruzarnos de brazos mientras desde fuera del país se nos dice: si quieres inversiones haz esto y no hagas aquello ; puedes endeudarte ; pero deja el dinero del Fondo Fiduciario en los bancos de Nueva York , Londres y Luxemburgo.
La advertencia de las calificadoras es parte de la estrategia financiera global de los países desarrollados. ¿Debemos paralizarnos sino no nos dan nada, y si dan es a cuentagotas?
Esta es la conocida estrategia del palo y la zanahoria. Nos repiten: Baja los aranceles a la importación; abre tu mercado ; garantiza la estabilidad jurídica a las inversiones ; vende las empresas estatales a corporaciones privadas extranjeras ; acepta sin protestas las nuevas tarifas del servicio público. Pero no se te ocurra reclamar reciprocidad ni equidad.
A partir de la amalgama de advertencias y rechazos , Panamá debe hilar fino para dar respuesta a sus problemas en la convicción de que debe aplicar sus propias políticas y no las que se les sugiere desde fuera. No es éste un llamado al arrebato, al frenesí del gasto público, al enfrentamiento agresivo con los países desarrollados. Muy por el contrario, es una invocación a la serenidad crítica de los gobernantes para que asuman responsabilidades , sin amedrentarse por las advertencias ni embriagarse con discursos populistas .El fracaso de Seattle invita a la reformulación de una globalización que beneficia a los poderosos y perjudica a los débiles.
Dentro de esa visión política general, la calificación de Standard & Poor ´ s responde a un plan económico que los países desarrollados han diseñado para pautar la política económica de los países emergentes , de acuerdo con la concepción neoliberal del desarrollo. Se podría decir que las empresas calificadoras cumplen el rol de agentes de policía del sistema económico liberal. Tocan el silbato cuando un país en vías de desarrollo infringe los mandamientos coercitivos del neoliberalismo : privatizar; bajar los aranceles de importación ; allanar el terreno de las inversiones extranjeras. En resumen, si no se acepta el decálogo completo , bajan las calificaciones y el país se convierte en un paria del sistema económico internacional .
Sin embargo , a los países desarrollados no se les toca el silbato cuando violan sus propios mandamientos. Pruebas al canto: los países miembros de la Unión Europea, se han negado en Seattle a abrir sus mercados de consumo a la exportación de productos agropecuarios.
Debemos entender que los países europeos defienden su producción agrícola porque la agricultura en el viejo continente es un modus vivendis, arraigado en las tradiciones culturales , y ,sobre todo, la base del empleo histórico. Los agricultores europeos forman grupos de presión muy fuertes que hacen temblar a los gobiernos. La Unión Europea atravesó períodos críticos cuando los agricultores franceses bloquearon a los camiones españoles que transportaban productos nacionales al mercado galo. Ante la desafiante competencia de los productos transgénicos norteamericanos, cultivados en laboratorios de alta tecnología genética , que levantan sospechas por su impacto en el organismo humano, la UE se ha puesto en guardia porque la invasión del supermaíz y la superlechuga podría desencadenar tragedias agrícolas.
¿Cuál es la calificación de esos países, según la tabla de valores de las calificadoras norteamericanas? Cualquiera que ella sea en la escala negativa , a la Unión Europea no le hacen mella las sanciones porque tiene su propio mercado de capitales y porque es autosuficiente en materia agrícola , a diferencia de la vulnerabilidad de los emergentes.
Los antecedentes comerciales indican que algunos países pontifican sobre desgravación arancelaria, pero practican un proteccionismo solapado. Así, por ejemplo, bajo presión de los productores locales de acero, Estados Unidos, desde hace años ,viene imponiendo aranceles severos a la exportación de barras de acero de Brasil y México. En los años duros del crac , Franklin D. Roosevelt creó subsidios a los agricultores en quiebra ,aplicando la filosofía proteccionista del New Deal. Años después , el Departamento de Agricultura de Estados Unidos engendró un sistema de cuotas para favorecer la producción azucarera de la Cuba prefidelista . La producción azucarera de los estados sureños bastaba para cubrir el mercado norteamericano. Pero se prefirió subsidiar a los productores de Louisiana, para que redujeran la producción, y de esa forma privilegiar el azúcar cubana.
Al iniciar las negociaciones de adhesión a la OMC, Panamá partía con una de las economías más protegidas de la región y los aranceles promedio más altos. Como precondición para obtener la adhesión nacional y bajar los aranceles , se nos ilusionó con la ampliación de exportaciones tradicionales y la entrada a nuevos mercados.
El despertar ha sido brutal. No gozamos el paraíso prometido y se favorecieron las exportaciones extranjeras , a expensas de la producción agropecuaria nacional. Por contraste, las principales exportaciones panameñas están por los suelos. .
¿Qué debe hacer Panamá si se nos amenaza con privarnos de inversiones extranjeras por el uso de recursos públicos en obras sociales ? ¿Cómo defendernos del doble ataque del descrédito financiero y las inaccesibles barreras comerciales? ¿Vamos a cruzarnos de brazos mientras desde fuera del país se nos dice: si quieres inversiones haz esto y no hagas aquello ; puedes endeudarte ; pero deja el dinero del Fondo Fiduciario en los bancos de Nueva York , Londres y Luxemburgo.
La advertencia de las calificadoras es parte de la estrategia financiera global de los países desarrollados. ¿Debemos paralizarnos sino no nos dan nada, y si dan es a cuentagotas?
Esta es la conocida estrategia del palo y la zanahoria. Nos repiten: Baja los aranceles a la importación; abre tu mercado ; garantiza la estabilidad jurídica a las inversiones ; vende las empresas estatales a corporaciones privadas extranjeras ; acepta sin protestas las nuevas tarifas del servicio público. Pero no se te ocurra reclamar reciprocidad ni equidad.
A partir de la amalgama de advertencias y rechazos , Panamá debe hilar fino para dar respuesta a sus problemas en la convicción de que debe aplicar sus propias políticas y no las que se les sugiere desde fuera. No es éste un llamado al arrebato, al frenesí del gasto público, al enfrentamiento agresivo con los países desarrollados. Muy por el contrario, es una invocación a la serenidad crítica de los gobernantes para que asuman responsabilidades , sin amedrentarse por las advertencias ni embriagarse con discursos populistas .El fracaso de Seattle invita a la reformulación de una globalización que beneficia a los poderosos y perjudica a los débiles.