Más cárceles aún
Hemos venido martillando desde hace dos años, con pocas pausas, la necesidad de establecer varias y suficientes cárceles, apuntando a que la delincuencia iría en aumento y más serían los que a diario entrarían a ellas que los que saldrían tras haber cumplido sus penas.
Comentábamos el año pasado que la partida de 30 millones de dólares destinados a construir nuevas cárceles no se compadecía con la real necesidad de más de ellas. En los últimos días, la cosecha de las autoridades de lanchas rápidas con grandes cargamentos de drogas y el arresto de sus tripulantes por racimos de cinco y más unidades a la vez demuestran que nuestra predicción, modestia aparte, tenía fundamento.
Como consecuencia del aumento de la población carcelaria estamos cayendo en un círculo vicioso: Dado los horribles y sofocantes hacinamientos que impera en ellas se hace indispensable liberar antes de cumplir sus condenas, y con distintas calificaciones, a muchos reos que saldrán a las calles a cometer los mismos delitos por los cuales los encarcelaron, ya que está comprobado que una gran cantidad de delincuentes reincide. Eso, en vez de aliviar, acentúa la falta de seguridad ciudadana. Ya se dio el caso de un antisocial que a las 24 horas de haber sido liberado por haber cumplido su condena por asalto a mano armada, volvieron a encarcelarlo por haberlo sorprendido in fraganti protagonizando otro asalto. Desengañémosnos. Treinta millones no cubren la necesidad de nuevos centros penitenciarios.