Más de lo mismo
En nuestro país, expuesto al histórico clientelismo político, el voto de castigo continúa mostrando el confort de los votantes por un método anacrónico para elegir a quienes regirán los destinos de la patria cada quinquenio.
Ha llegado el momento de encaminarnos por la dirección de insistir y reclamar a los partidos políticos, la imperiosa necesidad que tiene la ciudadanía de contar con planteamientos serios y objetivos, acompañados de planes y propuestas concretas, con una visión y misión de objetivos a corto, mediano y largo plazo, que nos permita escoger el mandatario que conviene a la nación.
Mientras lo expresado no ocurra, continuaremos por los senderos cáusticos de la corrupción, la impunidad garantizada, un crecimiento económico cosmético para satisfacción de pocos e insatisfacción de muchos, con el flagelo de una pobreza que no logra amainar.
Las ofertas que por ahí se escuchan, no son más que cantos de sirena; dónde queda la modernización del sistema educativo, base fundamental del desarrollo, la sostenibilidad de nuestro agro frente a los retos de la globalización, el desarrollo del sector eléctrico con energías alternas, el suministro de agua potable costeable a nivel nacional, un sistema de transporte público decente que mejore la calidad de vida de los usuarios, una oferta de salud pública moderna con medicamentos accesibles, un programa de desarrollo habitacional que acabe con la marginalidad y sus lacras.
¿Se atreverán los partidos políticos pretendientes a dejar el populismo y la demagogia a un lado? ¿Dejarán de fastidiarnos con sus reyertas ínter partidistas cargadas de personalismo? ¿Mirarán al futuro y dejarán de ahogarnos en las ciénagas del capricho crítico de lo actuado o no por los gobiernos pasados y el de turno?
Considero que el mejor escenario para nuestros electores es el de una campaña política presidencialista entre dos candidaturas sólidas; ello forzaría a ambos candidatos a dejar a un lado el populismo, la demagogia y al mero criticar al que estamos acostumbrados, así como al cúmulo de promesas vacías de contenido cierto y alcanzable, por una campaña de propuestas realistas y el cómo enfrentar, en el orden que las prioridades requieren, las reales necesidades de un país que ya no resistirá, por mucho más tiempo la agravante desesperanza de un pueblo que clama por la ausencia de oportunidades individuales y colectivas.
Se acabó el tiempo de más de lo mismo, de nosotros depende, hagámonos sentir como independientes, juntos podemos lograrlo; si no, que Dios nos ampare Panamá.