Más del milagro argentino
En el 2002, Argentina se había declarado en estado de quiebra, incapaz de pagar a sus acreedores internacionales. Hoy, bajo la pragmática administración del presidente Néstor Kirchner, el país ha dejado atrás la pesadilla y crece por cuarto año consecutivo a una tasa superior al 8% que es la más alta de América Latina, exceptuando Venezuela con su petróleo. Panamá, con nuestro Canal, crece hoy más o menos al 6.5% anual.
¿Qué hizo Kirchner? En primer lugar, negarse a pagar en los términos que exigían sus acreedores y voltear la fórmula, proponiendo alternativas de pago más cómodas, precedidas con la inyección de fondos de emergencia que permitieran al país salir de la crisis. En lo interno, estableció un sistema de riguroso control de su presupuesto y gastos del gobierno.
En vez de añadir una sala más al aparato judicial, despidió a cuatro magistrados de la Corte Suprema de Justicia, comprometidos con la corrupción galopante y se ganó la confianza de los inversionistas. Sustrajo al país de parte de sus compromisos en el MERCOSUR y renegoció favorablemente su situación de intercambio con sus socios. Viajó a Washington y regresó con resultados. Logró con Brasil, Venezuela y Bolivia, por separado, acuerdos para grandes proyectos y alianzas energéticas y de inversiones. Ahora el país está volando.
Por eso lo hemos mencionado en varios editoriales previos como un ejemplo de lo mucho que puede lograr un presidente con coraje y deseo de hacer bien las cosas, aún en condiciones adversas como las que atravesamos en Panamá, con una deuda asfixiante, un aparato estatal excesivamente grande y oneroso, una pobreza vergonzosa y una corrupción endémica.
Cuando el presidente Kirchner pagó toda la deuda argentina con el Fondo Monetario Internacional, consumiendo en ello gran parte de sus reservas en monedas duras, muchos lo tildaron de loco y otros le reclamaron la atención de la "deuda social". No hizo caso. $9 mil millones de dólares sacrificó una Argentina en crisis para librarse del molestoso acreedor. Pero menos de un año después, el país no sólo recuperó sus reservas, gracias a la holgura y solidez financiera que ganó, sino que las ha elevado hasta superar hoy los $31 mil millones. Ahora se apresta a pagar igualmente, hasta el último centavo, al "Club de París".
"Cero deuda", ha dicho Kirchner, contra todas las opiniones. Y los resultados le están dando la razón.
¿Qué hizo Kirchner? En primer lugar, negarse a pagar en los términos que exigían sus acreedores y voltear la fórmula, proponiendo alternativas de pago más cómodas, precedidas con la inyección de fondos de emergencia que permitieran al país salir de la crisis. En lo interno, estableció un sistema de riguroso control de su presupuesto y gastos del gobierno.
En vez de añadir una sala más al aparato judicial, despidió a cuatro magistrados de la Corte Suprema de Justicia, comprometidos con la corrupción galopante y se ganó la confianza de los inversionistas. Sustrajo al país de parte de sus compromisos en el MERCOSUR y renegoció favorablemente su situación de intercambio con sus socios. Viajó a Washington y regresó con resultados. Logró con Brasil, Venezuela y Bolivia, por separado, acuerdos para grandes proyectos y alianzas energéticas y de inversiones. Ahora el país está volando.
Por eso lo hemos mencionado en varios editoriales previos como un ejemplo de lo mucho que puede lograr un presidente con coraje y deseo de hacer bien las cosas, aún en condiciones adversas como las que atravesamos en Panamá, con una deuda asfixiante, un aparato estatal excesivamente grande y oneroso, una pobreza vergonzosa y una corrupción endémica.
Cuando el presidente Kirchner pagó toda la deuda argentina con el Fondo Monetario Internacional, consumiendo en ello gran parte de sus reservas en monedas duras, muchos lo tildaron de loco y otros le reclamaron la atención de la "deuda social". No hizo caso. $9 mil millones de dólares sacrificó una Argentina en crisis para librarse del molestoso acreedor. Pero menos de un año después, el país no sólo recuperó sus reservas, gracias a la holgura y solidez financiera que ganó, sino que las ha elevado hasta superar hoy los $31 mil millones. Ahora se apresta a pagar igualmente, hasta el último centavo, al "Club de París".
"Cero deuda", ha dicho Kirchner, contra todas las opiniones. Y los resultados le están dando la razón.