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Más ética, más moral


En el escrito intitulado "Sobre el Remedio Constitucional" aparecido en este mismo diario el 1 de marzo, el joven estudiante de derecho Eloy Fisher se confiesa convencido de que la Constituyente "sería uno de tantos festines carnestoléndicos que tiñen de fiesta al gobierno." Se pregunta qué gran carga nos impide progresar y qué elixir de alquimia o fórmula científica curará nuestro desarrollo.
En términos generales estoy de acuerdo con las ideas que vierte el joven Fisher. La fórmula por la que yo abogo la plasmo en el título del presente escrito. Los panameños tuvimos mucha fe de que después de una invasión que segó la vida de muchos compatriotas la justicia en el país mostraría mejoras cualitativas y cuantitativas. Esa fe es no más que una esperanza fallida.
Después de 21 años de dictadura milico-civil, en los cuales se manejaron caprichosamente (para ser benévolos) todos los recursos del Estado -dictadura apoyada y amamantada por el coloso con base en sus intereses geopolíticos- era sólo lógico que el pueblo panameño estuviera ansioso de que se hiciera justicia. No hubo tal cosa. Se sucedieron una serie de indultos y amnistías que negaban la persecución de tan noble objetivo.
Durante los cinco años de un gobierno reciente, formado por seguidores y pelechadores de la narcodictadura vimos, por ejemplo, en vivo y a todo color, la autoentrega de un presunto homicida en presencia de los presidentes del Ejecutivo y el Legislativo -siendo este último padre del sindicado- y de los Jefes del Ministerio Público y de Seguridad Nacional. Esto fue prueba contundente de que no existía respeto alguno por la constitucional división de poderes. No debo dejar por fuera la defenestración del Magistrado Faúndes, cuyo caso ya sobrepasa los tres años sin definición. Igualmente, lo que yo llamo el bochinche de comadres entre el Jefe del Ministerio Público y el Director de la Policía Técnica Judicial.
En circunstancias en las que no existe cumplimiento de las leyes, no vale la pena, por lo menos durante cierto tiempo, derrochar esfuerzos en promulgar una constitución que a fin de cuentas no sería respetada. Recordemos que una constituyente podría afectar las partidas circuitales, los FES y FIS y las condonaciones de intereses. Lo mismo digo de tratar de lograr un acuerdo canalero de verdadera neutralidad. Primero tenemos que actuar, gobernar, luchar, por restaurar los valores cívicos y morales de la nación panameña. Desafortunadamente, la corrupción rampante ya se ve como algo común, cotidiano.
Acaba de iniciarse una nueva sesión de la Asamblea Legislativa. ¿Prevalecerá el chantajismo que se ha observado hasta ahora? ¿Es mejor un gobierno cuasidictatorial, con aplanadora legislativa? ¿Se decidirá patrióticamente, en democracia, el camino que debemos seguir en materia económica? ¿O continuarán los intereses partidistas y personales entorpeciendo el logro de objetivos nacionales?
El escrito del estudiante Fisher me ha llevado a volver a cavilar sobre los temas que he expuesto. Reitero que la respuesta a las preocupaciones, del joven Fisher y de todos los panameños, está plasmada en el título de este escrito.
Es indudable que adicionalmente nos toca a cada uno de nosotros colaborar en todo lo que signifique el bienestar de Panamá y de todos los que tenemos la dicha de vivir en esta tierra privilegiada.
Creo que quizás nadie estará de acuerdo con mi declaración de cierre: Debería ser fácil comenzar echando a un lado los intereses partidistas y personales. Al diablo con el partidismo egoísta y metálico.
Los políticos, los partidos, tienen a la patria echa jirones de dolor. Cabe remedar a John Kennedy: No preguntemos lo que el país puede hacer por nosotros, sino qué podemos hacer nosotros por la Patria. Panamá es inmortal.

101 años de Panamá América

 
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