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¿Más impuestos?


Hay claras señales de que el Gobierno Nacional estudia la posibilidad de aumentar sus recaudaciones fiscales por la vía más fácil, subir los impuestos. Parte fundamental de su estrategia económica consiste en reformar la legislación tributaria, supuestamente para simplificarla, hacer que quienes más ganen paguen más, y lograr mayor eficiencia en la recaudación, suprimiendo los impuestos de costosa administración.
Pero tras el ropaje de la modernización tributaria, subyace la tentación de aprovechar la ocasión para incrementar la tasa promedio que pagamos los contribuyentes, incluso mediante la creación de nuevos tributos, que es el caso de la extensión del ITBM o cinco por ciento sobre la transferencia de bienes muebles a la prestación de servicios, lo cual encarecería y afectaría la competitividad del estratégico sector, con respecto a otros centros de servicios cercanos, especialmente del área del Caribe.
Paralelamente, se contempla eliminar algunos incentivos fiscales como es el caso de las inversiones en reforestación y el agro, según dicen, por la dificultad de administración, pese al positivo impacto que tienen en el cambio progresivo de la geografía nacional, de extensos peladeros en frondosos bosques; y de tierras baldías, en extensos arrozales y explotaciones ganaderas que nos han hecho autosuficientes en ambos rubros.
Ni los bancos, otrora intocables, se salvan. De hecho se discute la posibilidad de aumentarles también las tributaciones. Contra esa idea reacciona el presidente de la Asociación Bancaria, Milton Ayón, advirtiendo de los efectos adversos sobre la competitividad, un tanto alicaída por la desventaja tecnológica y la merma de confianza, nunca plenamente recuperada, tras el cierre bancario de seis semanas en 1987, en plena lucha contra la dictadura de Noriega.
Desde aquellos críticos días, el centro bancario, aunque se recuperó, no volvió a ser el mismo. De 120 bancos con activos de B/.49 mil millones que había en 1982, ahora hay 87 con activos de B/. 37 mil millones. Y la proporción de operaciones internacionales que antes prevalecía sobre las locales, ahora se ha invertido, siendo superadas por las últimas en proporción de 55% a 45%.
Nuestro conglomerado de bancos se está haciendo más local y menos internacional; y es indudable que para revertir esta tendencia no ayudaría el establecimiento de más y nuevos impuestos. Al respecto, Milton Ayón, recomienda más bien limitar los incentivos fiscales, lo que a su juicio no afectaría la competitividad de la banca local; mientras la superintendente bancaria, Delia Cárdenas, preconiza un "justo equilibrio" para no ahuyentar los bancos hacia otros centros.
Y si con la banca se aconseja cautela, con los servicios, no menos. Extender a éstos el ITBM, perpetuaría incluso la injusticia distributiva que hace que los que menos ganan paguen más, desde el momento que ese impuesto no discrimina entre ricos y pobres, como si estuvieran en iguales condiciones. Cautela y buen juicio es la regla, a lo cual añadimos consulta, mucha consulta y descartar imposiciones. Un balboa en manos del Gobierno rinde mucho menos que en el bolsillo de un particular.


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