Más política
Siguiendo la batalla campal que protagonizan tozudamente los dos aspirantes demócratas a la presidencia de EE.UU., no puedo menos que admirar el trabajo que hacen los periodistas, columnistas, ensayistas y escribidores en general que tratan de analizar las tácticas que desarrollan Hillary y Obama. No pretendo imitarlos, mucho menos igualarlos. Quiero presentar de manera sucinta mi análisis de la contienda aludida.
De un principio opiné que la estrategia de Obama era presentarse como un inspirador, un político distinto a los producidos en Washington, para autoproclamarse como el gran reformador, como una persona que significaba un cambio absoluto de la política ya demasiado conocida y criticada. También creo que de un principio quería monopolizar para sí el voto de los negros. Esto lo confirmó la votación en Carolina del Sur, en la cual recibió el apoyo de casi 81% de los votantes negros de este Estado que tiene una población negra de 52%, si mal no me acuerdo.
La diseminación de las palabras del pastor Jeremiah Wright (no God Bless sino God Damn America), de cuya congregación formó parte Obama durante unos 20 años, sirvieron para confirmar en mi mente la opinión que tengo. El discurso posterior de Obama relativo al racismo en EE.UU. fue otra jugada magistral porque en mi opinión se la han "comido" demasiados. Oí que el controvertido pastor renunció. Lo cual aprovechó Obama para manifestar en un popular programa de TV que si dicho pastor no hubiera renunciado él habría tenido que desvincularse de su iglesia. Para mí otro sutil engatusamiento.
En cuanto a Hillary diré que sí tiene mayor idoneidad y calificación que Obama en muchos campos y esta opinión la confirman propuestas y planes que ha sometido a los votantes con un alto grado de especificidad, sin mencionar que es tan batalladora como Harry S. Truman, digamos. La parte que desconocía era la aversión o antipatía que tantos ciudadanos sienten hacia Hillary y la versión, que me dejó patidifuso, de que ella y sus asesores habían asumido que para el famoso Supermartes ya tendría una cómoda ventaja en la contienda.
Confieso que pensé que habría una reacción de represalia por parte de los electores blancos y de otros grupos étnicos. Esto no se ha dado, aunque pienso que podría suceder en Pensilvania y las escasas nueve primarias que faltan por celebrarse. De ganar Obama lo felicito de antemano por lo que sería, para mí, un exitoso engatusamiento, hábilmente confeccionado. También me sentiría feliz de que el coloso haya elegido al primer negro para ocupar el solio presidencial. Lo que me causa preocupación profunda es que la comparación de la pugna electoral señalada con nuestra política vernacular nos deja como unos payasos. Perdone caro lector, no está en mí el ánimo de ofender a nadie. Lo que prima en mí es que nuestra devoción por nuestro terruño sea un poquito más espiritual, moral, ética y mucho menos descarada y crematística. Amanecerá y seguiremos viendo.