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Más sobre debates


Se está tornando latosa la discusión sobre si se realizará o no un debate entre los candidatos presidenciales. En vez de concentrarse en explicar su propuesta de gobierno, los candidatos y sus simpatizantes están dedicando gran parte de su tiempo en justificar sus respectivas posiciones a favor o contra del debate.
Lo único positivo que resalta sobre la inmadurez de unos y el oportunismo de otros en el actual debate sobre los debates es que algunos de los candidatos están mostrando sus cualidades y carencias para gobernar el país. Porque no se diga que la capacidad y amplitud de diálogo, discusión y consulta con interlocutores de signo u opinión contraria, no es esencial para un buen gobierno en democracia. ¿Por qué creen que perdió Pérez Balladares el referéndum?
El principal obstáculo en este momento es Mireya Moscoso. Ella y sus asesores han sido categóricos en que no participarán en un debate en el cual esté presente el candidato Alberto Vallarino. Esta posición preocupa por dos razones. En primer lugar, refleja que no tienen capacidad para sentarse en la mesa con opositores, detractores y hasta disidentes del propio signo tan comunes en todas las latitudes y partidos. ¿O no salió acaso Cuahutemoc Cárdenas de las entrañas del PRI mexicano y no cogobierna acaso con éste el corazón del país?
En segundo lugar, la posición arnulfista indica que poco le interesa lo que piensa un grupo importante de la población. Las encuestas - incluyendo las de carne y hueso- confirman que la mayoría quiere el debate y que, además, Alberto Vallarino cuenta con el apoyo de uno de cada cinco o seis votantes, minoría que cualquiera que gane, puede necesitar para un mejor gobierno.
Martín Torrijos por su parte, mantiene una posición contraria a la de Mireya Moscoso. Dice estar dispuesto a ir a debate con tal que estén los tres candidatos. Alberto Vallarino, por su lado, se mantiene presto y dispuesto a asistir a un debate con uno, ambos o ninguno de los restantes aspirantes, empeñado en recortar distancia y hacer valer sus dotes personales.
Ante la intransigencia evidente que impide su realización, recomendamos que los candidatos y sus simpatizantes abandonen el tema de los debates, desistan de participar en reuniones para organizarlos y se concentren en dar a conocer por otras vías cómo planean dirigir a este país. Y al pueblo elector, tomar en consideración lo que la actitud de cada candidato y alianza en este asunto puede significar en términos de capacidad para una futura gestión de gobierno.

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