Más sobre el “Día del Escritorâ€
Escritor y docente
La literatura panameña se ha venido renovando y vigorizando notablemente en años recientes. Han surgido nuevos y talentosos escritores; certámenes literarios innovadores; maneras diferentes de publicar libros a menor precio; foros específicos en los que se presentan publicaciones recientes y se ventilan temas afines con la asistencia de públicos interesados en las letras nacionales. Todo esto es una realidad innegable y prometedora de nuevas iniciativas y logros.
Varias son las entidades que hacen posible esta efervescencia: la Universidad Tecnológica de Panamá, la Fundación Cultural Signos y la Universidad Santa María La Antigua son, sin duda, las principales. También, en cierta medida, la Universidad de Panamá, aunque en el aspecto editorial falla miserablemente en lo que a literatura panameña reciente se refiere (para no hablar de la nula promoción de sus libros y de su pésima distribución en librerías).
En cuanto al Instituto Nacional de Cultura, además de que hay un rezago de un año en cuanto a la publicación de las obras premiadas en el Concurso “Ricardo Miró†1999, no existe una política editorial. No hay manera -y no se dan explicaciones- de que se publiquen nuevos libros de autores panameños. La falta de insumos, de computadoras, de personal capacitado podrían ser excusas válidas en algún momento; pero el problema lleva, en realidad, años sin resolverse. Todos los escritores panameños lo conocemos, lo padecemos. Pero nadie hace nada al respecto.
Me pregunto, ¿cómo es posible que instituciones con menos recursos e infraestructura que el INAC para estos menesteres editoriales y promocionales, como lo son la U.T.P. y la Fundación Cultural Signos, publiquen libros y revistas (MAGA), entre otras iniciativas novedosas, de manera sostenida, descubriendo en el proceso nuevos talentos? La respuesta, lógicamente, habrá que buscarla en una mística de trabajo, en un compromiso inclaudicable con las letras nacionales, en una tenaz y permanente puesta en escena de la imaginación. Un refrán tan trillado como “querer es poderâ€, tiene algo que ver con el asunto, al igual que un sentido elemental de oportunidad o coyuntura que es preciso aprovechar para hacer que las cosas funcionen. Pero además, y sobre todo, se requiere dedicación personal y trabajo de equipo, más allá de sueldos y recompensas. Como en cualquier otro aspecto de la vida. Y un Director General -escritor por más señas- que pese a cualquier obstáculo, sepa tomar decisiones drásticas e innovadoras. Todo escritor sabe que las palabras, cuando no se consignan en los hechos -escritura creativa o acciones- simplemente se las lleva el viento.
La Asamblea Legislativa tiene ahora una hermosa posibilidad de hacerle justicia a los escritores panameños creando el “Día del Escritorâ€. La Universidad Tecnológica de Panamá propuso en la Oficina de Participación Ciudadana de la Asamblea Legislativa, desde principios de año, que se consagre en el calendario nacional el 25 de abril -fecha del natalicio de ese gran escritor nuestro que fue Rogelio Sinán- como “Día del Escritorâ€. El INAC, que conoce la iniciativa, permanece en un silencio sospechoso.
Hago un llamado personal al legislador Carlos Smith, quien ya expresó su voluntad de presentar esta iniciativa de la U.T.P. en la Comisión de Educación y Cultura; a la misma Comisión de Educación y Cultura; a los legisladores Susana de Torrijos (profesora de Español); y Laurentino Cortizo Cohen (presidente de la Asamblea Legislativa), para que acojan y apoyen junto a sus colegas este proyecto, el cual fue debidamente razonado en su propuesta inicial; y para que soliciten que se apruebe por unanimidad. Todos los escritores nacionales deberían solidarizarse con esta iniciativa escribiendo artículos en los medios de comunicación y enviando cartas alusivas a dicha Comisión Legislativa, pues a todos beneficiará.
Amelia Denis de Icaza, Ricardo Miró, Ramón H. Jurado, Salomón Ponce Aguilera, León A. Soto, Rogelio Sinán, César Candanedo, José María Sánchez, Rodrigo Miró, Stella Sierra, y tantos otros escritores ya fallecidos lo agradecerán desde la eternidad; y los que seguimos en la lucha por la dignidad del creador literario, mucho más. Los libros son patrimonio de la nación. Quienes los escribimos también hacemos patria.