Más sobre Rocío de la Mancha
En editorial previo, destacamos aspectos relevantes de su carrera, a partir de sus primeros pasos de niña genio del canto y la actuación, con su voz angelical y sus cabellos dorados. Su película "Rocío de la Mancha" fue una señal que marcó la consolidación de su salto exitoso hacia el final de la adolescencia, paso en el que se pierden muchos talentos precoces, como aconteció con su contemporáneo Joselito, cuyo talento se congeló con su cantar infantil de ruiseñor en "Marcelino pan y vino"; y el de Shirley Temple, quien tampoco pudo salvar con su éxito la niñez.
Ya adulta joven, la dura competencia de una constelación de cantantes de España y Latinoamérica, contribuyó a que aflorara al máximo su talento superior, entre ellas, Lola Flores, Massiel, Sara Montiel, Paloma San Basilio, Carmen Sevilla, Rocío Jurado, Yolandita Monge, Estela Nuñez y tantas otras exquisitas voces femeninas. Le tomó tiempo y esfuerzo encontrar un sitio entre tantas estrellas, pero lo logró. No obstante, Rocío alcanza el pináculo de su carrera cerca de sus 40 años y lo mantiene hasta el momento de su partida, contrario a la mayoría de los artistas de hoy que atienden a un mercado que exige belleza y juventud en continuo relevo.
Fue allí, con el encanto de su plena madurez a cuestas, acusando en el rostro el paso de los años y las huellas de su múltiple maternidad, perdida la cintura y la planicie de su vientre, que le tenían sin cuidado, cuando Rocío despliega la plenitud de su arte. Su magia descansaba en su voz siempre fresca y cristalina, y en su sencillez, entrega y encanto personal. Fueron los tiempos de su éxito "La gata bajo la lluvia", "Jamás te dejaré", "No sirvo para estar sin ti" y tantos otros.
Y cuando, embriagados por su voz y gracia, creímos que no le quedaba más altura por conquistar, viaja a México y se asocia con Juan Gabriel, el prolífico compositor, de quien interpreta, da vida y éxito, a decenas de canciones, con las que alcanza una resonancia nunca vista. "Amor eterno", "No lastimes más", "No me vuelvo a enamorar", figuran entre sus canciones más emblemáticas de esa aventura con la que emuló, con su canto, a Hernán Cortés, en la conquista del país de los aztecas.
Desde entonces, se enamoró de México. "Me gusta y me va bien cantar rancheras", decía. Y los mexicanos y latinoamericanos la adoraron más que a ninguna de las suyas, al ritmo de "Con tanto amor" y muchas otras. Pero conservó sus raíces. Fue inolvidable su presentación de gala ante la Reina Sofía y el Rey Juan Carlos. La realeza en pleno le dio un cerrado aplauso, sin precedentes, puesta de pie. Hoy, como ayer, Rocío no se ha ido, vive en sus canciones y en el recuerdo.