default

Más vigilancia para los buses



En la última semana de septiembre, dos aparatosos vuelcos de buses son clara y alarmante señal de que hace falta mayor atención por parte de las autoridades a la forma desordenada que tienen los buseros de prestar el servicio de transporte.
Estos señores están poniendo en peligro la vida de los pasajeros y de los demás ciudadanos que comparten con ellos las vías. Nadie está seguro ni cuando viaja en otros vehículos, ni cruzando calles, ni aguardando en paradas, ni caminando por las aceras o simplemente viviendo en sus casas, porque se ha visto que esos monstruos irrumpen en viviendas ajenas producto de sus alocadas regatas.
En el primero, un diablo rojo, a la altura de la entrada de San Isidro, trató de rebasar a otro, en frenética carrera y, en su intento, colisionó con un auto particular, perdiendo el control, y yéndose contra otros dos, que a duras penas lo esquivaron a costa de daños menores, mientras el bus se volcaba pesadamente sobre uno de sus costados a todo lo ancho de la Transístmica. El saldo, 19 heridos. El conductor dijo que "venía suave" y que un auto particular se le atravesó causando el accidente. Pero otros testigos dijeron la verdad, que "venía a mil", en plena regata.
El otro accidente fue de un bus de la ruta David - Panamá que se volcó poco antes del Puente Centenario. Esta vez murió el conductor y hubo 19 heridos, 9 de ellos graves. Un pasajero dijo también que "venía suave" y que patinó en la vía mojada; pero técnicos en accidentes aclararon que eso es mentira. El bus debía ir a más de 100 kilómetros por hora para que haya rebotado de una cuneta de tres metros de profundidad -impacto que mató al conductor- para retornar a la vía y dar dos vueltas más sobre su costado y terminar ruedas arriba quince metros más allá. El conductor habría posiblemente girado con exceso de velocidad por una curva peligrosa, donde un letrero le indicaba disminuir la marcha.
Es la Policía Nacional y no la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre, la que debiera asumir mayor vigilancia de los buses, porque la última es una entidad cuya directiva está en un 40% integrada por transportistas y sobre la cual ejercen decisiva influencia, sin contar los negociados que llevan en conjunto.
Hubo una vez uno que cayó a tierra por el Puente de las Américas. Todos, más de 40, murieron de golpe. Cuando se precipite alguno por el Puente Centenario, ni siquiera va a ser posible contarlos, ni enterrar a nadie. ¿Qué esperan?

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América