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Matrimonios inteligentes


En los últimos años se ha estado promoviendo el concepto de matrimonios inteligentes. Y, ¿qué es ello? Pues, una relación sólida, cimentada en una meta en común, y cuajada de dificultades, una ocasión única para madurar y encontrar la plena satisfacción en la vida, lo cual sólo se logra con educación.
Somos unos analfabetos emocionales, según algunos terapeutas familiares. Si las parejas no dominan sus habilidades para manejar los problemas, los aspectos negativos de la relación acaban pesando siempre más que los positivos.
A lo largo de 10 años continuos de estudiar parejas, en los EE.UU. se ha llegado a concluir que es la comunicación lo que básicamente falta en las buenas relaciones. En el matrimonio, como en el trabajo, impera la ley de la invectiva, el mutuo reproche, el insulto y la humillación. Más que convivir, las parejas sobreviven en un clima hostil y prebélico. Marido y mujer terminan convirtiéndose en enemigos íntimos.
Existen miles de parejas en pleno desbordamiento, arrastrados por una tempestad de sensaciones negativas, ansiedad, enojo, ira, etc. Es una situación incontrolable, como un efecto en cadena donde una situación lleva a otra.
Independientemente de lo atraídas que dos personas se sientan al principio de su relación, el amor y la atracción no serían componentes suficientes para mantener una relación gratificadora, a través de las continuas demandas y pruebas que supone la vida en común. Ambos miembros de la pareja necesitan de una serie de habilidades entre las que se contarían la de manejar el conflicto, de ofrecer apoyo y comprensión al otro, a la vez que de habilidades para realizar una serie de tareas instrumentales y afectivas.
Los déficit encontrados en la comunicación de parejas en conflicto estriban en una dificultad a la hora de señalar concretamente los problemas, ofrecer apoyos y demostrar su comprensión, negociar acuerdos. Pero en todo esto tiene que ver la forma cómo pongamos y cómo interpretemos la realidad.
Uno de los pensamientos tóxicos en cualquier relación es el de ser una víctima inocente. Una vez que los pensamientos perturbadores, como la indignación absoluta, se vuelven automáticos, son auto confirmadores, el cónyuge, que se siente victimizado, está analizando constantemente todo lo que su pareja hace, con el fin de confirmar que es una víctima.
Nosotros podríamos hablar de una cadena donde el pensamiento tóxico, produce una reacción emocional, que confirma el pensamiento y reactiva otra acción verbal o no verbal. Por ejemplo: Una esposa no le sirve el desayuno a su esposo porque está cansada; el pensamiento tóxico de éste es: mi mujer lo hace para fastidiarme, es una inconsciente. La reacción emocional: no le habla el resto del día. Ante esto, la esposa reacciona y le reclama, el esposo piensa: ahora se hace la víctima, luego su respuesta emocional es virar los ojos. Así, sucesivamente, se forma una cadena de sucesos negativos continuos.
El efecto neto de estas perturbadoras actitudes es crear una crisis incesante, ya que disparan un estado emocional hostil, lo que hace que sea más difícil recuperarse del daño y la furia resultante. La forma de cortar esto es a través de un entrenamiento de habilidades específicas, siempre y cuando no se haya llegado a un punto donde la comunicación es imposible establecer por la carga negativa acumulada.
Es posible desarrollar matrimonios más inteligente a través de una educación efectiva en nuestras formas de comunicarnos con la pareja y para ello es necesario acudir a un especialista que lo oriente sobre el tema.

101 años de Panamá América

 
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