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Mazazo tributario


A pocos días de los carnavales, días de fiesta y farsa y, con ellos, el espacio para la necesaria catarsis que la sociedad y sus integrantes tenemos que darnos para poder sobrellevar la inversión de valores en que la clase politiquera insiste en hundir al país y a sus pobladores, el Gobierno de Ricardo Martinelli se prepara para llevar a su Asamblea de adocenados, la aprobación de su mazada tributaria.

En el clásico y descomedido afán gubernamental, netamente recaudatorio y de quedar bien con las IFIS, el Gobierno Nacional ha decidido conseguir todos los millones posibles de los bolsillos de los panameños que menos tienen, para dárselos a los locales y foráneos que más tienen y han tenido siempre. Ello es así pues, aunque se valgan de mil sofismas y juramentos, con el Vallarinotax van a pagar más impuestos los que menos tienen, desde el momento que han decidido ampliar el impuesto selectivo al consumo del 5 por ciento al siete por ciento.

No es redundante insistir que, si partimos de la base de que todos debemos pagar el impuesto de renta y cualquier otro, y afirmamos que no hacerlo es establecer una situación de privilegio para el que no paga y de desigualdad; tenemos entonces que la justicia impositiva está precisamente en que todos paguemos, pero de acuerdo a las posibilidades y condiciones.

Muy poco se insiste en explicar a la población que los bancos y las aseguradoras, financieras y cualquier otra que tenga situaciones impositivas especiales, tienen que estar sometidas a las mismas condiciones que las empresas comerciales e industriales de igual situación financiera.

Panamá tiene una economía que ha crecido –en gran medida- por sus características y se ha comprobado con anterioridad que cualquier cambio inconsulto puede afectar su estado de situación y su capacidad de crecimiento.

La prueba más evidente en la actualidad es el daño tan grande que representa para la economía doméstica el elevado precio de la gasolina y demás derivados del petróleo, los cuales sirven de punto de partida para otros aumentos en los artículos de consumo cotidiano. Vemos también, cómo se deja de lado la “equidad” que dicen buscar, al mantener los escandalosos privilegios de los privilegiados, mientras se ocultan los cerros de corrupción (más de 500 millones) de los legisladrones y diputados con el FIS.

Si se nos dijo, nuevamente, que se dedicarían los mayores esfuerzos “a incrementar el capital humano”, esto es a dotar a los hombres y mujeres de nuestro país de la mejor educación y capacitación posible para que puedan, por sus propios medios, alcanzar el desarrollo humano sostenible, al que legítimamente aspira todo ser humano, ¿por qué entonces la propuesta tributaria, elaborada con criterios extranjeros y ajenos a nuestra realidad, le da la espalda a un punto tan fundamental?

101 años de Panamá América

 
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