Medida necesaria
Según se ha informado, en el país hay en operación 17,000 taxis. Entre sus conductores los hay excelentes por lo caballerosos y serviciales. Algunos llevan en sus unidades imágenes religiosas, y hasta rosarios, colgados. Desgraciadamente, esos son ínfima minoría. Es corriente que, por una misma carrera, taxistas deshonestos cobren al pasajero distintas y exageradas tarifas.
En algunos casos, el taxista ha resultado ser miembro de una red de asaltantes; él, a la vez, vende drogas y lleva a los drogadictos a los lugares donde sabe que la venden; en varios casos le han robado a los pasajeros y han violado a pasajeras carnalmente. Y por último, recientemente, porque un pasajero no estuvo de acuerdo con se recogiera a otra persona durante el trayecto de la carrera, el taxista, furioso, se bajó del auto y con una herramienta en mano le abrió la cabeza de un porrazo. Según lo peligroso del tiempo en que vivimos, la víctima de aquel tigre estaba en su derecho al oponerse a que el taxista recogiera a otro pasajero.
El riesgo en que vivimos y la gravedad de lo ocurrido hacen imperativo que se determine que un taxista que conduce a un pasajero no podrá recoger a otro sin la anuencia del que ya lleva. Eso debe ser parte de la obligación de las autoridades a proteger la seguridad colectiva. La ATTT tiene ahora la palabra y es de esperarse que tome acción rápida.