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Mejor que el transmilenium


Más de lo mismo. Está por verse si el sistema de buses articulados que se apresta el Gobierno a instalar solucionará, o al menos aliviará, el problema del transporte colectivo que aqueja a la capital.
Son las mismas calles, por más que se desbaraten, afeen y ensanchen algunas importantes arterias para hacerle espacio. La ciudad longitudinal no ayuda al tránsito de los gusanos rodantes, que son una versión de los célebres "camellos" de la Cuba de Fidel, rústicas cadenas de recipientes rodantes para recoger caña, tirados por tractores. Al margen de ello, agudizarán el congestionamiento vehicular.
Una aparente mejor alternativa fue planteada por la compañía francesa que propuso un tren ligero sobre monorriel por encima de las actuales vías, probado con éxito en todas las principales ciudades del planeta. Bajo este sistema, a lo largo de toda vía España, por ejemplo, y de la vía José Agustín Arango, en medio, habría una fila de columnas que se levantaría algunos metros sobre el nivel del suelo, las cuales servirían de base a los durmientes del monorriel. Un sistema de elevadores o escaleras móviles, serviría a los pasajeros de tercera edad que no podrían hacerlo a pie. La otra alternativa, no propuesta, sería la del subterráneo, la cual sería más ventajosa que la del monorriel, pero más costosa. Esta es preferida por las grandes ciudades. La misma puede hacerse por etapas, en forma de ramales a partir de una línea principal. El Transmilenium no tiene la misma flexibilidad, a más de ser más contaminante, por operar con diesel. El monorriel y el subterráneo, en cambio, se mueven con electricidad.
En fin, no inventemos más. Hagamos lo mejor que han hecho otras grandes capitales. La solución no radica en articular diablos rojos, sino en hacer algo distinto. Hagamos que el transporte colectivo fluya por arriba o por debajo de las actuales vías.

101 años de Panamá América

 
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