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Mejoremos nuestra democracia


El veto popular vendría a ser una de las manifestaciones más genuinas de la democracia pura. El Soberano, depositario de la voluntad popular, no debe trasladar a los estamentos de poder o de gobierno todos sus derechos; es hora ya de que se reserve algo que le permita, en un momento dado, dejar oír su voz, pero no en términos de una vocinglería barata, sino en términos de lo que es veto popular. La madurez política es producto de la evolución de los pueblos. En el mundo existen pueblos, países con sistemas adelantados de consulta popular, que si pueden aprobar las leyes, lógico es pensar que las pueden modificar o derogar.
Debemos aceptar que la cultura milenaria de los países europeos, aunada a la madurez de sus pueblos, no es comparable con la cultura de los pueblos americanos con apenas poco más de cinco siglos. En los pueblos latinoamericanos pareciera que apenas hemos tenido tiempo de bajar de la palma de cocos para vernos sentados frente a un televisor, sin saber cómo llegamos hasta allí.
Nuestras actividades políticas constituyen un caudal de enfrentamiento en donde cifrar las esperanzas en el menoscabo del mérito ajeno. Es norma invariable de los unos y de los otros. La caballerosidad es un ingrediente desaparecido, tal vez olvidado poco practicado. Hace 60 años se distinguió a don Pancho Arias con el calificativo de "el caballero de la política". No he sabido que se haya distinguido a ningún otro político en forma tan honrosa.
Los foros políticos constituyen una tribuna en donde se dice no lo que se piensa, sino lo que se sabe quiere oír el pueblo. La oratoria es barata por quienes se dicen tener fibras de orador. Los argumentos son rebuscados, casi siempre son productos de publicistas que saben cómo se debe penetrar en las mazas. Los argumentos son politiqueros sin sustancias, inocuos, las ofertas políticas son falsas, exageradas, imposibles de cumplir, constituyen una ofensa a la dignidad humana. Por ello, es que hace algunos años escribí un artículo en donde planteaba que el programa de gobierno del candidato triunfador se debe convertir en ley de la República de impositivo cumplimientos. Así serían más creíbles dichos programas, al momento de tomar posesión el nuevo gobernante. Los ingredientes negativos que he apuntado son motivos suficiente para que el soberano no se deshaga de sus poderes soberanos plenamente, para que en un momento dado los pueda ejercer cuando las circunstancias así lo demanden.
Durante los tres gobiernos democráticos que han precedido al actual, ha habido varios referéndum, los cuales adolecieron del grave mal de querer meterle gazapos al soberano, con un sí o un no, lo que viene a ser dinero en la basura, puesto que el soberano no puede votar selectivamente por las cosas buenas y excluir la que considere nefastas. Todo está organizado en términos de sí o no, y nada más. La ley que reglamenta estos mecanismos también debe ser revisada, el día que se corrija dicha ley, no habrá más intentos de gazapos. La iniciativa popular es otro de los mecanismos que debe ejercer el soberano, quien tiene derecho, sin mecanismos complejos, para intervenir en aquellas legislaciones en que está interesado y que los organismos de poder, ponen oídos sordos para no promulgarlas.

101 años de Panamá América

 
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