Memoria histórica e identidad nacional
Los pueblos no pueden ni deben jamás olvidar su pasado de lucha y sacrificio, en aras de constituirse en naciones y estados independientes y soberanos. La memoria histórica es parte sustancial de nuestro ser e identidad nacional. Es ese pasado y devenir histórico, contenido de tantas epopeyas y jornadas, con sus grandes hombres héroes, lo que hoy nos permite enfrentar todo aquello foráneo, que no complementa, sino que tiende a disminuir y sumergirnos en una especie de pérdida de valores que son el alma de nuestro ser nacional.
Evocar esas luchas con sus líderes y héroes, es tener simpre presente que somos un pueblo con un pasado, un presente y un porvenir. Tenemos metas y objetivos, en lo que al ser nacional se refiere. Es esa memoria histórica, la que como brújula nos indica que la lucha por pactar nuestra identidad y soberanía, siempre encontrará enemigos enconados, los que están dispuestos a sacrificar el alma nacional, enarbolando un materialismo, al decir de Omar Torrijos, que se musicaliza al ritmo y sonido de sus cajas registradoras y pingües ganancias.
El 9 de enero de 1964, constituye una de esas fechas que no pueden jamás olvidarse. Esa jornada patriótica, donde perdieran la vida muchos panameños, entre ellos Ascanio Arosemena, es la que hoy nos llena de armadura y fuerza moral, para estar vigente frente a cualquier hecho o acto, que pueda significar un retroceso en la lucha de liberación nacional.
La jornada de enero de 1964, coincidiendo con el análisis que sobre esta epopeya panameña han realizado historiadores panameños, si bien devino como resultado o síntesis de todas las luchas y contradicciones que le precedieron por dignificar y perfeccionar nuestro ideario nacional, también fue el punto de partida y arranque descolonizador y en consecuencia el desarrollo nacional pleno, libre y soberano.
En el Panamá de hoy, como al inicio del siglo, nuevamente estamos en el vértice de grandes decisiones que indudablemente trascenderán en nuestro porvenir.
Precisamente porque somos un pueblo que tenemos memoria histórica, tenemos derecho a dudar de las bondades y buenas intenciones del llamado Centro Multilateral Antidrogas. Sin embargo, esperamos que el gobierno publique los contenidos del acuerdo citado y ya veremos.
Evocar esas luchas con sus líderes y héroes, es tener simpre presente que somos un pueblo con un pasado, un presente y un porvenir. Tenemos metas y objetivos, en lo que al ser nacional se refiere. Es esa memoria histórica, la que como brújula nos indica que la lucha por pactar nuestra identidad y soberanía, siempre encontrará enemigos enconados, los que están dispuestos a sacrificar el alma nacional, enarbolando un materialismo, al decir de Omar Torrijos, que se musicaliza al ritmo y sonido de sus cajas registradoras y pingües ganancias.
El 9 de enero de 1964, constituye una de esas fechas que no pueden jamás olvidarse. Esa jornada patriótica, donde perdieran la vida muchos panameños, entre ellos Ascanio Arosemena, es la que hoy nos llena de armadura y fuerza moral, para estar vigente frente a cualquier hecho o acto, que pueda significar un retroceso en la lucha de liberación nacional.
La jornada de enero de 1964, coincidiendo con el análisis que sobre esta epopeya panameña han realizado historiadores panameños, si bien devino como resultado o síntesis de todas las luchas y contradicciones que le precedieron por dignificar y perfeccionar nuestro ideario nacional, también fue el punto de partida y arranque descolonizador y en consecuencia el desarrollo nacional pleno, libre y soberano.
En el Panamá de hoy, como al inicio del siglo, nuevamente estamos en el vértice de grandes decisiones que indudablemente trascenderán en nuestro porvenir.
Precisamente porque somos un pueblo que tenemos memoria histórica, tenemos derecho a dudar de las bondades y buenas intenciones del llamado Centro Multilateral Antidrogas. Sin embargo, esperamos que el gobierno publique los contenidos del acuerdo citado y ya veremos.