Memorias de América Latina
Pareciera que una vieja película está por repetirse, negando aquello de que en los períodos de paz maduran las condiciones para desparecer las guerras. A contrario sensu, pareciera que esos paréntesis sólo sirven para acumular motivos y armas para nuevas guerras. En el trasfondo, el tema del poder.
El veranillo democrático iniciado en la primera mitad de los años 90 parece irse agotando y mientras que en Centroamérica, comenzando por México, hay marcadas acciones de violencia, en el sur del continente tal proyección parece más institucionalizada. Al menos eso es lo que deja ver la instalación reciente del Consejo de Defensa Sudamericano, que reunió en Chile a 12 ministros de la región.
La iniciativa de Brasil parece una respuesta a las fricciones que dejó al bombardeo colombiano a territorio ecuatoriano para matar a un jefe guerrillero de las FARC. Pero el tema no es la causa, sino la proyección. A finales de los años 60, cuando cierta curva democrática empezaba a apoderarse de América Latina, comenzó a instalarse un rosario de dictaduras que dejó millares de muertos y desparecidos.
Sólo en Bolivia, recientemente, acaban de descubrir catacumbas de torturas debajo de la sede del Ministerio del Interior con una innumerable cantidad de huesos humanos, y hay voces que exigen investigar las dictaduras de los años 70. Entre los desaparecidos, por ejemplo, figura el líder sindical Marcelo Quiroga Santa Cruz, cuyos restos jamás fueron localizados. Pareciera la continuación de una deuda pendiente. ¿Y en Panamá, qué pensamos hacer con nuestras heridas sin cicatrizar?